martes, 1 de octubre de 2019

Poesía de Kyra Galvan: Dos ciudades, dos amores

Poesía de Kyra Galvan: Dos ciudades, dos amores:



Quizá algunos de los que me conocen saben que viví muchos años en el extranjero en dos ciudades muy diferentes. Una de ellas fue Tokio, en Japón y la otra fue en Londres, Inglaterra.

Las dos ciudades no podían ser más diferentes una de otra. Una representa el Oriente y otra, el Occidente. Fue el escritor inglés, nacido en la India, Rudyard Kipling el que dijo  : "El Este es el este y el Oeste es el oeste y nunca se encontrarán".

En Tokio apenas viví un poco más de un año pero la experiencia fue tan intensa que me marcó de por vida.

En Londres viví diez años y tuve ahí a dos de mis tres hijos. 

Les comparto entonces estos dos poemas que he escrito para estas dos ciudades y por lo que han significado para mi.



 Mil años



Aún me cuesta trabajo

dejar el departamento vacío de Minami Magome,

en Ota- ku, Tokio.

La acción se prolonga interminable en el vacío.

En el espacio de mi corazón

hay una estancia sin muebles

que solloza.

Un arreglo floral de bienvenida.

La ilusión de mil años que se quedaron tirados

en un piso polvoriento.

Notas delicadas tocadas en un piano que nunca existió,

acompañadas de un violín que entonaba como un ángel:

melodía de libélulas alborotadas.

Mil años de crisantemos bordados en oro.

Qué difícil dejar el Hotel Imperial.

Último reducto de una historia  de amor.

Tokio y su recuerdo, duelen,

y la vida entre kanjis arde nostálgica

sobre una llamarada de juventud en toda su gloria.

Tanta impotencia por no saber leer.

Lánguida lucha por la lengua.

El bosón de Higgs es una realidad.

Ha sido descubierto y confirmado

y asegura que el tiempo simultáneo existe:

o sea, que puedo ser hoy la que fui y seguir siendo la que seré.

Paradoja del tiempo cruzado:

mis piernas jóvenes caminan por el subterráneo

y aún sin conocerte te recuerdo.

Te amo y no te amo.

Te deseo y te aborrezco

porque dejaste una huella que aún no se marca. 

Fui de carne y hueso en Akitsu Shima.

Le recé a Kannon sama en un santuario en Kamakura

y diez mil samurái cruzaron mi llanura estéril

llevando suntuosos regalos

y castigos innombrables.



Hoy, adentro de mi corazón,

los cerezos florecen inmutables

en un instante que es presente continuo

y en mi memoria se construye un acuario de olores

que hace de mis ojos: peces

que nadan en las aguas del tiempo:

yo dejando una habitación vacía que no conozco

porque la viví en la memoria

de un país en el que moraré

mil años.



 Londres al cubo

Because I barely scratched the surface.





Porque tus cabellos revueltos por el viento del Norte

se enredan con ancestrales fantasmas

tallados en la piedra solemne y repujados en los bronces.

Porque tus calles fanfarronean con las mortecinas luces

de tus  pubs en los inviernos lóbregos

donde se come y se bebe desde siglos atrás.

Porque tus intestinos están repletos de gente

que conmuta como hormigas en trenes atiborrados,

que arrastran  ausencia

            y nostalgia de sol.

Porque en tus callejones se escucha un vestigio de botas

pisoteando  sobre la ternura, la duda y la traición.

Cómo llamarte entonces ciudad del medievo,

decimonónica,

ciudad de rascacielos de vidrio y acero

si en tus iglesias yacen enterrados

los poetas desalmados

que escribieron las mejores líneas de la historia

dejándonos boquiabiertos

y sin nada qué escribir

y en tus barrios vivieron los descubridores,

los luchadores, los músicos.

Cómo decirte al oído

palabras de paloma acurrucada

si por tu mitad pasa dividiéndote en dos,

el caudal portentoso de un río

que feroz arrastra consigo el viento y las olas

como un vientre herido,  abierto a cuchillo.

Porque en el inframundo de tus sótanos

Winston Churchill peleó una guerra 24X7 X365X5

contra el mal,

contra la plaga de sargazos.

Dime cómo y por qué acariciar tu umbrosidad real

si en tres palacios hay reliquias

y en las reliquias hay palacios,

taj-mahals de culpas e injusticias.

Cómo tocar tu grandeza

si en los parques  hay gotas de sangre

de niños obreros

y en las columnas de mármol

rastros de asesinos brillantes

que desaparecieron sin dejar huella.

Tierra de hechiceros, pordioseros y reyes.

Eso eres.

Porque eres una isla dentro de otra isla.





Y el faro que guía hacia tu corazón:

 es el obelisco de  Cleopatra.

Grito dentro de un grito ahogado en el puente de ti.

De Londres, por no repetir tu nombre en vano.

Diez años no me alcanzaron para abarcarte.

Pero sí para amar cada una de tus piedras malditas

siempre húmedas, siempre penando.

Porque yo te encuentro en los días y en las noches de mis sueños

donde no termino de recorrerte,

de peinarte, de traducirte.






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