viernes, 7 de abril de 2017

Pai meu (Amén, camarada), un poema de Claudio Rodríguez Fer

Pai meu (Amén, camarada), un poema de Claudio Rodríguez Fer

El escritor Claudio Rodríguez Fer.

A meu pai, Claudio Rodríguez Rubio



Pai meu que estiveches no cárcere:
solidario sexa o teu nume,


veña a nós o teu reino sen reis
e fágase a túa xenerosa vontade
aquí na Terra, e nos astros do ceo
a dos cosmonautas rusos
nos que ti criches contra todo deus.
Que o pan noso de cada día
o poidamos gañar
coma ti honradamente
e perdoa que aínda non teñamos feita
a revolución da conciencia
que traia paz, xustiza e liberdade
a este mundo dominado por quen as destrúe.
O teu exemplo non nos deixará caer na tentación
do esquecemento ou da indiferenza
para librarnos do mal por nós mesmos.
Amén, camarada.


Do libro Ámote vermella (Xerais, 2009).



Padre mío
(Amén, camarada)

A mi padre, Claudio Rodríguez Rubio
Padre mío que estuviste en la cárcel:
solidario sea tu numen,
venga a nosotros tu reino sin reyes
y hágase tu generosa voluntad
aquí en la Tierra, y en los astros del cielo
la de los cosmonautas rusos
en los que tú creíste contra todo dios.
Que el pan nuestro de cada día
lo podamos ganar
como tú honradamente
y perdona que todavía no hayamos hecho
la revolución de conciencia
que traiga paz, justicia y libertad
a este mundo dominado por quien las destruye.
Tu ejemplo no nos dejará caer en la tentación
del olvido o de la indiferencia
para librarnos del mal por nosotros mismos.
Amén, camarada.
Traducción del gallego al castellano por el autor.
*Claudio Rodríguez Fer es poeta. Su último libro, Valente vital (Ginebra, Saboya, París) (Universida de Santiago, 2015). 

jueves, 6 de abril de 2017

Wislawa Symborska: el ingenio, humor y sabiduría de una poeta Premio Nobel

Wislawa Symborska: el ingenio, humor y sabiduría de una poeta Premio Nobel



Wislawa Szymborska

Prosas reunidas: el arte de la concreción

Escribir la reseña de un libro de “no reseñas” es cuanto menos un reto si se pretende trasmitir la frescura de una obra tan ingeniosa y locuaz como es esta. Las Prosas reunidas de Wislawa Symborska recopilan en un solo volumen todas las Lecturas no obligatorias de la celebrada autora polaca, en tapa dura y con el exquisito acabado que caracteriza a la editorial MalPaso (una favorita de esta casa).
Szymborska es esa escritora de nombre impronunciable —y paradójicamente de poesía tan legible y cercana—,  a la que muchos no conocíamos antes de que recibiese el Premio Nobel de literatura en 1996 e incluso después de eso solo de oídas. En mi caso fue tan solo hace cuatro años que me topé, en un taller de poesía, con esos largos versos tan característicos suyos. Poemas que invitan a mirar el mundo más allá de tus narices, desde un antiantropocentrismo de lo más inspirador, y en los que se tratan cuestiones trascendentales de manera tan accesible y desenfadada que hay que releerlos varias veces para captar la ironía y profundidad desde la que están escritos.
La obra de Wislawa Szymborska es siempre un perfecto conducto por el que asomarnos con curiosidad al mundo apreciando sus peculiaridades y contagiándonos de sana fascinación.
Pero no es su poesía la que se reúne en esta edición sino, tal como el título indica, su prosa. En concreto una serie de textos cortos que Szymborska escribió durante la época en la que trabajó como crítica para diversos medios de su país. Tras leer el interesante prologo explicativo de su traductor Manuel Bellmunt Serrano, puedes abordar el libro como te plazca: de atrás hacia delante, volumen por volumen o abriendo cualquier página al azar. El orden en el que lo leas no va a influir en la genialidad de su contenido ya que cada ensayo es redondo en si mismo.
Más que críticas prefiero referirme a estos textos como “no reseñas”, teniendo en cuenta que la propia Szymborska no consideraba que fuesen críticas literarias como tal, sino su particular síntesis sobre ciertas obras que carecían de interés estrictamente literario pero sobre las que ella elegía escribir. Libros de temas tan variopintos como de pintura, música, historia, astrología, psiquiatría o botánica (y más) que sirven a la autora para hablar de conceptos más abstractos como la necesidad de sentir miedo, el destino y la casualidad (dos de sus temas fetiches también en su poesía), la justicia, la familia o incluso la soledad cósmica, siempre desde una mirada muy personal cargada de inteligencia y humor a partes iguales.

En el detalle está lo grandioso

De forma sintetizada y lúcida Szymborska plantea una idea o reflexión a veces en tono burlón o anecdótico, a veces de forma crítica y mordaz, pero siempre con un enfoque original y ameno.
Cuantos más de estos breves ensayos lees más enganchado estás por saber que ingeniosa ocurrencia vendrá en el siguiente, o de que curiosa información se te hará participe. Ahí la destreza de la autora en el arte de extraer lo esencial de lo elaborado y lo extraordinario de lo sencillo.
“Las ganas de ser traviesa me han invadido”
En uno de los textos Symborska confiesa su deseo de “ser traviesa” y dejar emerger ese desparpajo y liviana osadía que la caracterizan, y así ocurre en numerosos momentos, como por ejemplo cuando, en su “no reseña” de un diccionario de escritores, describe a Conrad, Melville y a Hemingway como los escritores más apuestos y a Ibsen dice ni contemplarlo para el ranking por parecerse al espectro atormentado de un peluquero chiflado. Imposible que tu día no se vuelva inmediatamente un 10% más luminoso con la sonrisa que tan cómica irreverencia acaba de fijar en tus labios.
Observar la vida con humor y en detalle de la mano de Szymborska posiblemente sea de las cosas más enriquecedoras y divertidas que hagas este año.
Puedes leer y descargar un fragmento del libro aquí.
prosas reunidas

domingo, 2 de abril de 2017

Canciones de Bob Dylan que valen un Nobel

Canciones de Bob Dylan que valen un Nobel | Periodistas en Español

LEE EL ARTICULO COMPLETO CON SUS VÍDEOS EN LA PAGINA DE ESTE ENLACE.



En el enorme volumen “Bob Dylan. Todas sus canciones” (704 páginas, 39,90 €, Editorial Blume), firmado por los franceses Philippe Margotin y Jean-Michel Guesdon, figuran las 492 canciones que el ahora Premio Nobel de Literatura había compuesto hasta 2015, fecha de la edición.
Blume-Dylan-cancionesLa promoción del libro, escrita sin un solo acento ortográfico (todos los que figuran a continuación son de mi cosecha particular), asegura que se trata de un libro “ordenado cronológicamente e ilustrado con 600 fotografías en blanco y negro y en color, que contiene todo lo que puede interesar a un verdadero fan de Dylan. Un excelente volumen que ofrece una mirada completa y única al proceso creativo de Dylan, asi como a su forma, orgánica y libre, de grabar las canciones. Es la única obra que cuenta las historias que se esconden tras las 492 canciones que ha publicado, desde su álbum epónimo de 1962 hasta Shadows In The Night, de 2015, incluyendo todos los temas descartados de los álbumes de estudio. En una revisión cronológica, los autores detallan el origen de sus melodías y sus textos, los procesos de grabación en el estudio, los instrumentos utilizados y la miríada de músicos y productores que han ofrecido su contribución a la larga y admirable trayectoria de Dylan”.
Pero, claro, no todo iba a ser alabanzas. No han sido pocos los detractores, pertenecientes en su mayoría al espectro de los musicólogos y críticos, que se han manifestado en contra de la concesión del premio más deseado y mejor dotado del mundo (unos 890 000 euros) a un “cantautor”. Cada cual tiene derecho a sus preferencias y odios. Pero sería injusto no reconocer que durante más de medio siglo Bob Dylan ha sido uno de los autores de músicas y letras más influyentes, junto con los Beatles, los Rolling, algunos grandes del jazz, unos cuantos autores de “standards” (que empiezan con los exiliados alemanes en los Estados Unidos de entreguerras) y, por añadir algo muy cercano, los creadores de esos grandes melodramas cantados que son los tangos.
Para no seguir dando rodeos: a mí me gusta Bob Dylan, me ha gustado desde las canciones de protesta de los años ‘60 hasta los blues sombríos de los ‘90, pasando por algunos temas “menores”, que no siempre las musas están a la altura. Hay textos me parecen particularmente hermosos y emocionantes, estribillos que me ponen carne de gallina cincuenta años después, y canciones que he coreado infinidad de veces con amigos, con compañeros y con desconocidos, en marchas, concentraciones, protestas multitudinarias y noches que se prologan hasta el amanecer. Así que me parece muy bien que le den el Nobel de Literatura porque tiene una ingente obra poética, que a usted puede no gustarle y está en su derecho, pero que a mí me gusta.
Sin ninguna intención de hacer conversos, sin siquiera pretender coincidir con los gustos de nadie (muchos lectores, puede que la mayoría, no encontrarán en esta lista su canción preferida  de Dylan), he aquí unas cuantas aportaciones del último Nobel a la/mi historia de la música de los dos últimos siglos.

Masters of War (1963)





«Ni siquiera Jesús querrá perdonar nunca lo que hacéis». Protesta contra la industria armamentística, «Masters of War» es una canción de 1963, escrita después de la “crisis de los misiles” de Cuba, de octubre de 1962.
«Vosotros, amos de la guerra/ que fabricáis todas esas armas/ construís los aviones de la muerte/ y fabricáiss estas enormes bombas./ Que os escondéis detrás de muros/ os amparáis en las oficinas/ Quiero que sepáis/ que os veo a través de vuestras máscaras ».

A Hard Rain’s A-Gonna Fall (1963)




Ese año el mundo está en plena crisis de los misiles de Cuba y planea el fantasma del apocalipsis nuclear. Dylan escribe esta balada pesimista sacada de la paranoia generalizada que anuncia grandes catástrofes.  Es la primera vez que escribe en forma de pregunta/repuesta, que luego usará en, entre otras, « La respuesta está en el viento », para terminar refiriéndose a la “fuerte lluvia” que nos cae encima frecuentemente.

Blowin in the wind (1963)






Escrita en diez minutos en un café de Nueva York, se editó en el momento de mayor apogeo del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos, y en plena guerra de Vietnam. Bob Dylan la interpretó durante la marcha a Washington de una multitud rodeando a Martin Luther King, el mismo día en que gritó : «He tenido un sueño » (I have a dream). Dividida en tres partes, plantea preguntas a las que responde el estribillo:
« ¿Cuantos caminos debe transitar una persona

antes de que le llames hombre?

¿Cuantos mares debe navegar una paloma blanca

antes de que duerma en la arena?

¿Cuanto tiempo tienen que volar las balas de cañón/ antes de que las prohíban para siempre?

Si, amigo mío, la respuesta está en el viento… »

Like a Rolling Stone (1965)




Canción de culto, “Like a Rolling Stone” habla de la rabia frente al consumismo y la hipocresía  de la vida burguesa,  en un larguísimo poema que al final quedó reducido a una canción de seis minutos.
“Érase una vez en que vestías muy bien

En la flor de la vida echabas una moneda a los vagabundos

¿No es cierto?

La gente te decía: “Ten cuidado, muñeca, te la vas a pegar”

Y tú creías que sólo era una broma

Siempre te reías

De todo aquel que te rondaba

Ahora no andas tan orgullosa

Ahora no hablas tan alto

Cuando tienes que mendigar tu próxima comida
¿Qué te parece?

¿Qué te parece

Estar sola

Sin una dirección a casa

Como una completa desconocida

Como una piedra rodante”

Ballad Of A Thin Man (1965)




Más que una canción, una pesadilla, un enigma. Un himno al anti-héroe
«Entras en la habitación/ con un lápiz en la mano/ ves a alguien desnudo y te dices : ¿quién es este hombre ? ».
Dylan está hablando del hombre de la calle, el “Mr. Jones” estadounidense, el personaje cualquiera. Como en la novela de Dashiell Hammet (“The Thin Man”), “esta canción es una novela negra, con imágenes alucinantes y múltiples significados (Grégoire Leménager).

Mr. Tambourine Man (1965)





Del álbum “Bringing It All Back Home”, uno de los clásicos más versionados, entre otros por The Byrds, que inicaron su carrera con ella, y también la moda del folk-rock. El texto, bastante surrealista, ha sido analizado muchas veces sin llegar a ningún consenso: hay quien lo entiende como una oda al LSD, quien cree que se lo dedicó a su musa de entonces y quien ha sido capaz de encontrarle un mensaje religioso.
“Hey! Mr. Tambourine Man, tócame una canción

No tengo sueño y no voy a ninguna parte.

Hey! Mr. Tambourine Man, tócame una canción

En el cascabeleo de la mañana te seguiré.
Aunque puedas oír la risa, girando,

balanceándose locamente a través del sol,

No está dirigida a nadie, simplemente escapa a la carrera

Y, excepto el cielo, no hay ningún cercado a la vista.

Y si oyes rastros borrosos de un saltarín carrete de poesía

A tiempo con tu pandereta,

no es más que un harapiento payaso ahí detrás,

Yo no le prestaría atención,

no es más que una sombra lo que ves que él persigue”

Just Like a Woman  (1966)



En aquel tiempo, la acogida que tuvo Just Like a Woman no fue unánime. Criticado como poema misógino, encontró muchos detractores entre las mujeres que luchaban por su liberación. De todas maneras, y como habla de incomprensión entre los dos sexos, puede suponerse que, en materia amorosa,  algo le había salido mal al autor.
“Nadie siente ningún dolor

esta noche estoy parado aquí en la lluvia.

todo el mundo sabe que el bebé tiene ropa nueva,

pero últimamente veo que sus cintas y sus lazos

han caído de sus rizos.
Ella aguanta como una mujer.

ella hace el amor como una mujer.

y sufre como una mujer.

Pero se echa a llorar como una niña pequeña.
Reina María, ella es mi amiga.

Sí, creo que voy a ir a verla otra vez.

Nadie tiene que adivinar que el bebé no puede ser bendecido

hasta que por fin ve que ella es como todos los demás

con su niebla, sus anfetaminas y sus perlas”.

Lay Lady Lay (1969)

« Lay Lady Lay », es una propuesta erótica a una mujer.
“Túmbate en la gran cama de latón, my Lady”
Deseo y protocolo al mismo tiempo. “Es Ronsard en el país del folk (…) Un super combo erótico dopado por una repetición musical embriagadora (…) la balada que ha acompañado no pocas siestas crapulosas” (Emmanuelle Hirschauer)

Alberta #1 (1970)

« Alberta » era originalmente un blues cantado en los barcos que navegaban al alba por el Mississippi. Dylan la versiona en el álbum «Self Portrait»
« Te daré más oro del que pueda llevar tu delantal ». El canto, acompañado de la armónica, es perfecto. Incluso los coros, detrás, dan un encanto enloquecido a la canción. En el álbum figuran dos versiones.

Sara (1976)

Es un vídeo en directo, Dylan lleva un sombrero con flores bordadas y parece un payaso triste. Canta “Sara”, la canción de amor que escribió para la “Sad Eye Lady of the LowLand” (en el álbum “Blonde on Blonde”, 1966) de la que acabó separándose.
« Tumbado en una duna mirando el cielo

Cuando los niños eran bebés y jugaban en la playa

Tu me seguiste y te vi pasar

Tu estabas tan cerca y siempre inaccesible
Sara, Sara

¿qué te ha hecho cambiar de opinión?

Sara, Sara

Tan fácil de mirar, tan dura de definir
Sara, Sara

Dulce angel virgen, tierno amor de mi vida

Sara, Sara

Joya radiante, mujer mística
Dormíamos en los bosques cerca de un fuego

Bebíamos ron blanco en un bar portugués

Ellos jugaban a pídola y escuchaban Blanca Nieves

Tu, en la plaza del mercado en  Savanna-la-Mar”

Every Grain of Sand  (1981)

La fase místico-religiosa de Dylan da una vuelta de tuerca en esta canción, donde abandona las plegarias por otro tipo súplicas más humildes, y busca la redención. Después dijo que al escribirla le parecía que las palabras le llegaban de lugares lejanos.
“En el momento de la confesión, en la hora de la necesidad más profunda

Cuando el conjunto de las lágrimas bajo mis pies inundaciones cada semilla recién nacido

Hay una voz dentro de mí muriendo llegar a alguna parte

Trabajando en el peligro y en la moral de la desesperación.
¿No tiene la tendencia a mirar hacia atrás en cualquier error

Al igual que Caín, ahora he aquí esta cadena de eventos que debe romper

En el furor del momento puedo ver la mano del maestro

En cada hoja que tiembla, en cada grano de arena.”

The Man In The Long Black Coat (1989)



« Las gentes no viven más que hasta que mueren

No hacen otra cosa que pasar”
¿Quién es el hombre del abrigo largo negro con el que se  ha marchado una mujer sin decir adiós ? ¿Un vagabundo, el diablo o el propio Dylan? El hombre citó la Biblia  y después invitó a la mujer a bailar. Y ella le ha seguido. Una balada grabada en Nueva Orleans , con voz de ultratumba,  habla de la omnipresencia del mal y el eterno errar. En mi opinión, una obra maestra.

Love Sick (1997)



Cuando Dylan escribió  «Love Sick» tras siete años sin componer, demostró que seguía sabiendo hacer las cosas bien. Regresó como si lo hiciera de ultratumba, con la voz más rasposa que nunca : «Camino por calles que están muertas», se queja de una mujer que le ha destruido “con una sonrisa”, “y sus riffs de guitarra anuncian la rebelión de un anciano agotado.  ‘Estoy enfermo de amor’, le dice al oyente que, a su vez, se enamora de él”. (D.C., L’Obs)

Not Dark Yet (1997)



Considerada una obra maestra del Dylan más tardío, del anciano que canta casi temblanco y  que finaliza con una frase sombría: “Todavía no es oscuro, pero está llegando”. Casi una marcha funeraria.

Stay With Me (2015)



En 2015, Dylan publicó el álbum  «Shadows In The Night», con versiones de standards de Sinatra, alejándose lo más posible del modelo y, en este corte,  suplicando amor como un viejo casi sin voz, casi patético. “No se sabe bien si es un clochard o un héroe” (D.C)

miércoles, 29 de marzo de 2017

75 años de la muerte de Miguel Hernández

75 años de la muerte de Miguel Hernández | Periodistas en Español


75 años de la muerte de Miguel Hernández

Evocación del poeta herido por el rayo de la guerra civil

Durante los últimos días de la guerra civil española, cuando todo estaba perdido para la Republica, los antifranquistas buscaban una salida para no caer en manos del ejército fascista. Como muchos civiles y milicianos, los intelectuales y artistas pro-republicanos buscaron la salvación en el exilio.
A muchos se les facilitaron pasaportes y visados, y se pusieron a su disposición medios de transporte. El poeta Miguel Hernández quedó descolgado de aquella fuga masiva, no hubo para él ningún avión ni pasaporte de última hora y buscó la salvación en una fuga imposible a Portugal, a pie, solo y sin recursos. A los pocos días de cruzar la frontera los guardias del dictador Oliveira Salazar lo detuvieron y lo entregaron en Rosal a la guardia civil.
Xulio Formoso: Miguel Hernandez
Xulio Formoso: Miguel Hernandez
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Lo trasladaron a Huelva y de allí a Madrid, donde fue internado en la cárcel de Torrijos con otros 2500 reclusos. Estuvo preso hasta el 15 de septiembre de 1939, cuando fue puesto en libertad gracias a las gestiones de José María de Cossío, con quien había colaborado en la redacción de la enciclopedia taurina. Se trasladó entonces a Orihuela para reunirse con su familia, en vez de aceptar el ofrecimiento de la embajada de Chile para exiliarse. Algunos oriolanos que lo conocían lo denunciaron y a los pocos días fue detenido de nuevo. Condenado a muerte, recorrió varias prisiones (fue en la de Conde de Toreno en Madrid donde Buero Vallejo le hizo su famoso retrato) hasta ser trasladado a la del Reformatorio para Adultos de Alicante, donde pasó los últimos días de su vida, enfermo y esperando que lo trasladaran a un sanatorio antituberculoso.
Se le ofreció el tratamiento si renunciaba a sus ideas, a lo que se negó, y murió el 28 de marzo de 1942, víspera del domingo de Ramos.

Orígenes ideológicos y sociales

En los años treinta el municipio de Orihuela era un reducto ultraconservador cuyos ciudadanos presumían de un activismo religioso en defensa del catolicismo más reaccionario. Miguel Hernández fue educado en este ambiente y dio sus primeros pasos en el ámbito de un catolicismo fascistoide influido por su amigo íntimo José Ramón Marín Gutiérrez (Ramón Sijé), quien dirigía la revista católica “El Gallo Crisis”, y por el sacerdote Luis Almarcha, quien con el tiempo se convertiría en uno de sus verdugos.
En 1931 Miguel Hernández publicó su primer libro, “Perito en lunas”, y viajó por primera vez a Madrid. En la capital hizo amistad con Vicente Aleixandre, quien le introdujo en el mundo literario, y con Pablo Neruda, quien orientó su pensamiento político hacia el comunismo. De su grupo sólo él supo lo que es pasar hambre en un Madrid cuyas calles recorría buscando editor para los versos que llevaba en una carpeta bajo el brazo.
Sorprende que García Lorca no simpatizase con su personalidad, un tanto tosca, y no sintiese aprecio por su obra. Encontró mejor acogida en el pintor Benjamín Palencia, en Maruja Mallo (de quien se dice que fue amante) y en María Zambrano. Esta última escribía (“Presencia de Miguel Hernández”. El País 9-7-1978): “Y toda aquella ‘pléyade de poetas’ que lo acogió como mejor podían, con la excepción de un poeta prometido al ‘sacrificio’ en modo fulgurante, que experimentaba una especie de ‘alergia’ por su presencia personal”. Aunque le hicieron entrevistas en “La Estampa” y “La Gaceta Literaria” no consiguió hacerse hueco en un ambiente intelectual muy competitivo y regresó a Orihuela.
En 1934 viajó de nuevo a Madrid. Bergamín le publicó entonces algunos poemas en su revista “Cruz y Raya” y fue cuando José María de Cossío lo contrató como colaborador en “Los toros”, la enciclopedia taurina de Espasa Calpe. Colaboró también en las Misiones Pedagógicas organizadas por el gobierno republicano. En 1936 publicó su segundo poemario, “El rayo que no cesa”, que mereció una elogiosa crítica de Juan Ramón Jiménez en “El Sol”.
La imagen de pastor poeta sin beneficio ni formación ha quedado un tanto desmitificada, pues su padre había sido un tratante de ganado y aunque durante algún tiempo el poeta tuvo que pastorear un rebaño propio no era ésta su principal dedicación. Autodidacta y lector omnívoro, Miguel Hernández fue a la escuela sólo hasta los 14 años y la abandonó porque su padre, autoritario y analfabeto, quería que se ocupara del negocio de las cabras. Mantuvo siempre grandes diferencias con su padre, opuesto a su vocación de poeta, que no lo visitó nunca en la prisión en la que agonizaba de neumonía y tuberculosis. Ni siquiera asistió a su entierro y cuando se le preguntó sobre la suerte de su hijo, dicen que su único comentario fue “él se lo ha buscado”.

Guerra y poesía

Miguel Hernández se alistó en el Partido Comunista de España ya iniciada la guerra civil y combatió en el célebre Quinto Regimiento a las órdenes de Valentín González ‘El campesino’. Después pasó a Propaganda del Ejército Rojo y a la Sexta División. En agosto de 1937 visitó la URSS con el músico Casal Chapí, el dibujante Miguel Prieto, la actriz Gloria Santullano y el periodista Francisco Martínez Allende, quienes representaban a España en el V Festival de Teatro Soviético. A su regreso, a su paso por París, Alejo Carpentier lo grabó recitando “La novia del aldeano”, único registro que se conoce de la voz de Miguel Hernández.
Durante la guerra civil participó de forma muy activa en la defensa de Madrid. Cavó trincheras en el frente, donde convivió con soldados y milicianos, y recitaba a la tropa sus poesías llenas de belleza, emoción y rebeldía. Su faceta de poeta comprometido se manifiesta sobre todo en “Vientos del pueblo. Poesía en guerra” y “El hombre acecha”. La edición de este último fue destruida por el gobierno franquista. Sólo se salvaron dos ejemplares, a través de los que pudo editarse de nuevo en 1981. Se enfrentó a Alberti y María Teresa León a causa del ambiente festivo, el lujo y la abundancia de alimentos que se encontró en los salones de la sede de la Alianza de Intelectuales Antifascistas en los primeros meses de 1939, ante cuyo derroche no pudo ocultar su indignación mientras él y otros combatientes con hambre y frío se jugaban la vida en las trincheras.
En plena guerra, marzo de 1937, se casó con Josefina Manresa, costurera, hija de un guardia civil asesinado por milicianos republicanos. Tuvieron dos hijos, uno de ellos murió a los diez meses de vida. A la muerte de Miguel Hernández Josefina fue presionada para que entregara al Estado franquista los manuscritos del poeta, a lo que siempre se negó. Lo cuenta en “Recuerdos de la viuda de Miguel Hernández”, su libro de memorias publicado en 1980 por Ediciones de la Torre.

Una obra entre el amor, el dolor y la muerte

Alianza Editorial: Obra completa de Migguel Hernández, portada
Alianza Editorial: Obra completa de Migguel Hernández, portada
Miguel Hernández está considerado como el poeta de la resistencia antifranquista y el fundador de una poesía de fuerte acento social, influida por el modernismo y la Generación del 27. Su primera poesía es la más compleja lingüísticamente, con claras influencias de Garcilaso de la Vega, San Juan de la Cruz, Góngora, Rubén Darío y Juan Ramón Jiménez.
Su “Obra poética completa” anotada por Leopoldo de Luis (quien fue su amigo en vida) y Jorge Urrutia, fue publicada originalmente por la Editorial Losada en Buenos Aires en 1960. Cuando se editó en España en 1976 por Zero-ZYX su éxito fue enorme. En 1982 se incorporó al catálogo de Alianza Editorial cuyas sucesivas reediciones la han convertido en la mejor y más completa hasta el momento.

Obra de Miguel Hernández

Poesía

  • “Perito en lunas” (Murcia. Sudeste, 1934)
  • “El rayo que no cesa” (Madrid, 1936)
  • “Viento del pueblo (Valencia, 1937)
  • “El hombre acecha” (1939)
  • “Cancionero y romancero de ausencias”

Prosa

  • “El torero más valiente. Tragedia española
  • “La tragedia de Calisto”
  • “Epistolario”
  • “Cartas a Josefina” (Alianza Tres, 1988)
En 1986 el catedrático Jesús de Riquelme publicó textos inéditos en la revista Canelobre con el título “Apócrifos y hallazgos bibliográficos sobre Miguel Hernández 1919-1942”. Ese mismo año la Diputación de Alicante presentó “22 sonetos inéditos de Miguel Hernández”, algunos publicados en la revista “Vuelta” de Octavio Paz.

viernes, 10 de febrero de 2017

Poesía: Nazim Hikmet

Poesía: Nazim Hikmet | :: Luis Emilio Recabarren ::



En Estambul, escribía para que me lo imprimieran, para que me leyeran con los ojos. Pero en Anatolia comprendí que era preciso leer los poemas en voz alta, para el pueblo. (...) Entonces me dediqué a escribir poemas sonoros, con rima y expresiones populares (...). Pero cuando estuve encarcelado, comprendí otra cosa: que se puede tener a un solo hombre por todo auditorio y, a través de él, hablar a toda la humanidad. Sin gritar: en voz baja, con una entonación muy de charla, muy íntima.
»La poesía es tan útil como el pan, la sal y el agua. (...)
»Mi oficio esencial es el de poeta. Hago teatro también y estoy empezando una novela. No existen temas específicos de la poesía, la novela o el teatro, todos los temas pueden ser tratados por uno u otro. Cuando se trata de la poesía, no hago ninguna concesión, quiero decir ninguna concesión formal. Concesiones ideológicas, las hago cuando me equivoco y digo: “tenéis razón, amigos míos”. Pero en el teatro, en la prosa, como son cosas secundarias para mí, puedo hacer concesiones formales, incluso puedo ser conformista. A veces se hacen concesiones sobre las cosas secundarias. La vida es tal que no hay que hacer concesiones en las cosas esenciales».
Fragmentos de la entrevista con Régis Debray y Jean-Marie Villegier para Clarté, nº 48
*************


AQUÍ VIENE NAZIM HIKMET
Pablo Neruda
NAZIM, de las prisiones
recién salido,
me regaló su camisa bordada
con hilos de oro rojo
como su poesía.
Hilos de sangre turca
son sus versos,
fábulas verdaderas
con antigua inflexión, curvas o rectas,
como alfanjes o espadas,
sus clandestinos versos
hechos para enfrentarse
con todo el mediodía de la luz,
hoy son como las armas escondidas,
brillan bajo los pisos,
esperan en los pozos,
bajo la oscuridad impenetrable
de los ojos oscuros
de su pueblo.
De sus prisiones vino
a ser mi hermano
y recorrimos juntos
las nieves esteparias
y la noche encendida
con nuestras propias lámparas.
Aquí está su retrato
para que no se olvide su figura:
Es alto
como una torre
levantada en la paz de las praderas
y arriba
dos ventanas:
sus ojos
con la luz de Turquía.
Errantes
encontramos
la tierra firme bajo nuestros pies,
la tierra conquistada
por héroes y poetas,
las calles de Moscú, la luna llena
floreciendo en los muros,
las muchachas
que amamos,
el amor que adoramos,
la alegría,
nuestra única secta,
la esperanza total que compartimos,
y más que todo
una lucha
de pueblos
donde son una gota y otra gota,
gotas del mar humano,
sus versos y mis versos.
Pero
detrás de la alegría de Nazim
hay hechos,
hechos como maderos
o como fundaciones de edificios.
Años
de silencio y presidio.
Años
que no lograron
morder, comer, tragarse
su heroica juventud.
Me contaba
que por más de diez años
le dejaron
la luz de la bombilla eléctrica
toda la noche y hoy
olvida cada noche,
deja en la libertad
aún la luz encendida.
Su alegría
tiene raíces negras
hundidas en su patria
como flor de pantanos.
Por eso
cuando rie,
cuando ríe Nazim,
Nazim Hikmet,
no es como cuando ríes:
es más blanca su risa,
en él ríe la luna,
la estrella,
el vino,
la tierra que no muere,
todo el arroz saluda con su risa,
todo su pueblo canta por su boca.
Fuente:poema de P. Neruda

miércoles, 8 de febrero de 2017

Las Voces Del Silencio: LA NAVAJA DE PADRE ( Poemas sobre la navaja)

Las Voces Del Silencio: LA NAVAJA DE PADRE ( Poemas sobre la navaja): Retrato en sepia.- 1 Aprendices de navajero en una fábrica de Albacete. Ni siquiera la blusa -uniforme del gremio- po...







LA NAVAJA DE PADRE ( Poemas sobre la navaja)

Retrato en sepia.-



1

Aprendices de navajero

en una fábrica de Albacete.





Ni siquiera la blusa -uniforme del gremio-

podían permitirse en aquél tiempo

los niños aprendices. Cuchilleros

de humilde condición, de inmaculados

ojos que se iniciaban en la industria

de aquella profesión. Ingeniería

nacida del ancestro como nacen

de un primer corazón las emociones

que después se transmiten en impulsos,

en vaharadas de sangre, eternamente.

Cuchilleros de sombras

-ni siquiera una luz anticipando

la claridad del día-, aprehendiendo

el sentido de aquella laboriosa

manera de ser alguien, afilando

el acero, a la vez que el instinto

daba forma a sus sueños de muchachos.



















2



La navaja de padre.-



I



No recuerdo a mi padre sin navaja.

Yo era pequeño, y ella,

un artefacto extraño

nadando entre los miedos y el asombro.

La navaja herramienta,

la navaja instrumento,

la navaja en el fondo

del pardo pantalón de mis recuerdos.



II



Sonaba el clic seguro, y era el gesto

cual el de un oficiante que iniciara

un rito casi atávico.



La mano de mi padre se ajustaba

a aquellas cachas blancas, jalonadas

con visos de misterio,

mientras madre sacaba de la orza

el pan sentado y blanco.



La navaja era entonces como un cáliz

desde el que el pan llegaba hasta las manos

en aquellas mañanas invernales

de hielo y de sarmientos.





La navaja libraba soledades

y tallaba sentidas miniaturas

en las noches de abril, cuando la luna,

redonda como un sueño sin orillas,

ponía claridades en lo incierto.



Yo era pequeño, y ella tan hermosa,

que anhelaba tenerla entre mis manos

inhábiles y niñas,

preparando  las púas del injerto

con la misma destreza

de aquellas otras  fuertes y precisas

curtidas por el cierzo...



Pero era de mi padre

y era su propiedad intransferible.



Y había que crecer y hacerse un hombre

para tener derecho a una navaja

de aquellas de Albacete  tan lejano ,

que llegaban en cada nueva feria

como aves migratorias

que anunciaran faenas de vendimia

y octubres de nostalgia.



III



Hoy que el recuerdo anida en los aleros

de un tiempo de bonanza,

y mi barca navega en otros mares

y acuden las ausencias

a llenar esos huecos de añoranza

que la vida precisa

para sentirse unida a las raíces

y al hilo de lo eterno,

se asoman a mi mente las secuencias

de aquellas horas cálidas

que dejaron su herrumbre en las orillas

de tanto olvido injusto.



Y me llegan, aún entrecortadas,

pasadas confidencias

en las que se hizo brasa la palabra

y supo a pan caliente.



Hoy recuerdo aquel gesto, tan de padre,

de hacer las rebanadas sobre el pecho,

o aquella cuña firme que apuraba

las últimas esencias del caldero.



Hoy miro entre mis cosas,

-en el cajón más íntimo del alma-

y remueven mis manos viejas huellas

de todos los que fueron,

hasta encontrar aquella que rezuma

calor de amanecidas.

Y se cierra mi anhelo en ese punto

de firmeza y aplomo

sobre unas cachas pálidas de tiempo

que aún no me pertenecen.



IV



La navaja es el nudo que me enlaza al recuerdo.

Todo está igual allí, tal vez por eso

uno vuelve la vista a la pureza

de esa imagen paterna

intentando encontrar una metáfora

que describa el instante,

pero no hay dimensión donde se ofrezca

una estampa más nítida

que aquella que navega por el pulso

de una sangre caliente.

La navaja está aquí, mudo testigo

de un tiempo irrepetible

que aun despierta pasadas realidades

en el ánfora gris de la nostalgia.



3

De luces y de sombras su reflejo.-

Dejadla así: rayando la osadía;

mitad provocación, mitad belleza;

lo mismo en un arcón de la nobleza

que  en un vasar de humilde buhonería.



Dejadla así, no entréis en la porfía

de si es de superior naturaleza.

Dejad que sea su origen  la corteza

en la que talle el tiempo su grafía.



Dejad que sea el color de la distancia

el que imprima su huella en la navaja

y la invista de luz o de misterio.



Y que brote el laurel de la constancia

en la mano del hombre que trabaja

tomándose su oficio tan en serio.







martes, 31 de enero de 2017

poemança: 31jan17 Juan Carlos Valle

poemança: 31jan17 Juan Carlos Valle



Un café con Pessoa | Periodistas en Español

Un café con Pessoa | Periodistas en Español



Xulio Formoso: Pessoa

Xulio Formoso: Pessoa
Xulio Formoso: Pessoa
Puedes encargar un póster de este dibujo de Xulio Formoso a publicidad@enlacemultimedia.es
Una exposición recrea ahora la ciudad y la obra de aquel personaje que dejó a la posteridad algunos de los mejores escritos de la literatura europea del siglo XX. Se llamaba Fernando Pessoa y guardó con la capital portuguesa vínculos muy similares a los que Kafka mantuvo con la ciudad de Praga o Joyce con Dublín.
La exposición está instalada en el sótano del Círculo de Bellas Artes, que imita el escenario de uno de esos cafés de la Lisboa de principios de siglo, con veladores y sillas en las que puede sentarse el visitante, y para ella Alberto Ruiz Samaniego y José Manuel Mouriño, comisarios de la exposición, rodaron un largo documental con añadidos de material de archivo de la Cinemateca Portuguesa, que se puede ver completo o dividido en 27 escenas a las que se accede a través de hipervínculos situados en las pantallas de las paredes del café, correspondientes a otros tantos espacios vinculados a Pessoa.
Aquí están las viviendas que ocupó en la ciudad (más de veinte), las oficinas en las que trabajó, los escenarios ligados a su obra literaria y poética, como la Baixa, la Rua da Prata, la Rua dos Douradores, la Plaza del Comercio, los restaurantes Martinho da Arcada y Antigua Casa Pessoa (nada que ver con el escritor) o el café A Brasileira do Rossio, junto al que hay una pequeña estatua del poeta. En todos esos lugares podía encontrarse a Pessoa, que llegaba a cada uno de ellos con sagrada y meticulosa puntualidad.
El cantautor extremeño Pablo Guerrero ha prestado su voz a los textos de Pessoa que acompañan los diferentes pasajes de la película, subrayados por la música de Miguel Copón. El tono emocional de la voz de Guerrero se identifica plenamente con la melancolía de los textos del escritor portugués.
Además del documental, un denominado Atlas Fernando Pessoa se pone a disposición del visitante como una herramienta informática con la que penetrar en la vida poliédrica y multidireccional del poeta portugués y lo invita a convertirse en el caminante y en el voyeur que Pessoa era durante sus largos paseos. Cada visitante puede crear su propio itinerario pessoano a través de una selección personal de fragmentos de su obra agrupados en seis grandes categorías: Sensualismo, Noche, Fármacos, Panteísmo y Lecturas/Estética.
Otras posibilidades del recorrido atienden a conceptos como el amor, la muerte, el sueño o la verdad. También se pueden realizar conexiones con otros términos a través de una selección de escritos de Pessoa, fundamentalmente del “Libro del desasosiego”, “La educación del estoico” y algunos de sus poemas. También se puede acceder a través de sus heterónimos: Ricardo Reis, Álvaro de Campos, Bernardo Soares, Alberto Caeiro (a quien Pessoa llama “mi maestro”)… con los que firmaba sus obras no como seudónimos sino como si fueran colegas ficticios, con su estilo propio y sus temas recurrentes (“vivir es ser otro”, escribió en el “Libro del desasosiego”).
En carta a su amigo el poeta Adolfo Casais Monteiro, Pessoa habla de la triada fundamental de esta heteronimia: “Puse en Caeiro todo mi poder de despersonalización dramática, puse en Ricardo Reis toda mi disciplina mental vestida con la música que le es propia, puse en Álvaro de Campos toda la emoción que no doy ni a mí ni a la vida” (en “Páginas de autointerpretación”, un texto publicado en 1966, explica con detalle esta heteronimia)Todo este material está disponible también en la página web del Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Los mundos de Pessoa

Fernando Antonio Nogueira Pessoa (Lisboa 1888-1935) es el más grande escritor portugués contemporáneo. Educado en lengua inglesa durante nueve años de su infancia en la ciudad sudafricana de Durban, entonces colonia británica, a la que trasladaron a su padrastro como cónsul de Portugal allí, su vida transcurrió entre la soledad y el misterio, atormentado por una propensión al alcoholismo y la esquizofrenia y obsesionado por el destino, una obsesión que manifestaba en su afición a los horóscopos, el ocultismo y las cartas astrales (se hizo más de mil, a él y a sus heterónimos). Esta tendencia explica en cierto modo sus relaciones con la masonería y el rosacrucismo en unos años en los que el mundo intelectual navegaba en las ondas del surrealismo y el sicoanálisis.
Lisboa fue la totalidad del paisaje de su vida adulta, una ciudad de la que nunca volvió a salir tras su regreso de Durban (sólo una vez a Portugalete y otra a Évora).Nada se sabe de su sexualidad sino las especulaciones que los intérpretes han hecho de ella a través de los comportamientos de sus heterónimos y de su rechazo a contraer matrimonio en la única ocasión que tuvo para hacerlo, con Ofelia Queirós.
Escribió mucho y de manera compulsiva (en otra carta a Casais Monteiro le cuenta que un día, en estado de éxtasis, había escrito treinta y tantos poemas de un tirón: además Pessoa escribía de pie) pero la mayor parte de su obra no fue conocida sino después de su muerte, a veces muchos años después (el “Libro del desasosiego”, escrito entre 1913 y 1935 no se publicó hasta 1982).
Excepto “Mensaje” (1934), dos colecciones de poemas en inglés publicados entre 1918 y 1921 y algunas colaboraciones en las revistas “Orpheu”, “Presença” y “Águia”, sus escritos estuvieron inéditos hasta su muerte porque a Pessoa no le interesaban la fama ni los fastos de la literatura: “¿Qué me importa que nadie lea lo que escribo?. Lo escribo para distraerme de vivir”.
Murió en el Hospital San Luis de los Franceses pocas horas después de escribir su último poema, y fue tras su muerte cuando se produjo uno de los hallazgos más fascinantes de la historia de la literatura: un baúl de madera repleto de páginas escritas, desordenadas, mal fechadas, caóticas (en una misma hoja podía haber el fragmento de un ensayo sobre la I Guerra Mundial junto a un poema y breves reflexiones filosóficas) que se han venido publicando durante años y de las que aún están inéditas una buena parte.
El Estado compró todo este material en 1976 y la editorial Assirio&Alvim fue editando los más de 25.000 papeles que descansan en la Biblioteca Nacional.
  • TÍTULO: Pessoa/Lisboa
    LUGAR. Círculo de Bellas Artes. Sala Minerva. C/. Marqués de Casa Riera. Madrid
    FECHAS. Hasta el 5 de marzo de 2017