domingo, 19 de enero de 2020

13 poetas norteamericanas seleccionadas y traducida...

13 poetas norteamericanas seleccionadas y traducida... | Página12





Se publica la antología "Contéstame, baila mi danza"

13 poetas norteamericanas seleccionadas y traducidas al castellano por Diana Bellessi

La primera edición de Último Reino, en 1984, incluía numerosos poemas de seis autoras. Diez años después hubo una edición aumentada en la editorial Angria de Caracas. Ahora es el momento de una nueva edición de Contéstame, baila mi danza  (Salta el pez ediciones), una antología, con selección y traducción de Diana Bellessi que reúne a trece poetas norteamericanas, Adrienne Rich. Muryel Rukeyser, Ursula K. Le Guin, May Sarton y June Jordan entre ellas, en versiones bilingües. Voces contemporáneas de escritoras y mujeres activistas que ofrecen un fresco vital de su lengua y sus territorios.

Por Ivana Romero



Diana Bellessi cuenta que llegó por primera vez a Estados Unidos pudiendo decir tan sólo una canción de Bob Dylan en inglés. Venía viajando por América latina con su mochila al hombro. Así consiguió pasar desde México a Texas, luego a California y al fin, a Illinois. Vivió en Chicago y meses más tarde, entró a trabajar en una metalúrgica al sur del Bronx, en Nueva York. Todas las obreras eran negras sureñas o latinas sin documentación, como ella. Diana afinaba el oído. Las calles donde comenzaba a encresparse la segunda ola feminista, sus fábricas y sus bares que no desdeñaban a clientes afroamericanos fueron la escuela mestiza donde ella aprendió a hablar inglés en los setenta. “Fui incorporando el idioma con una mezcla de interés, necesidad y afecto que nada tiene que ver con una academia. La poesía tampoco tiene que ver con una academia. Quizás ni siquiera tenga que ver con la literatura sino con un centro más propio”, desliza Bellessi. Ella, continúa, se sentía a gusto en esos bordes donde la lengua se llenaba de rumores singulares. Con un pequeño diccionario y un manual de gramática elemental, Diana seguía el curso de ese río que una tarde la dejó a los pies de Muryel Rukeyser, la poeta y activista feminista que sería una referencia esencial para Adrienne Rich y June Jordan, entre tantas otras.



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“Ocurrió en un bar de Broadway, donde se anunciaba una lectura de Rukeyser. Cerveza en mano me acerqué hacia la tarima donde la voz extraordinaria de esta mujer, que tenía un porte muy elegante, leía poemas. En un momento escuché ‘Answer me, dance my dance’ y no lo podía creer. ‘Contéstame, baila mi danza’, parecía ser un llamado. Podríamos decir que le respondí, acepté la invitación al baile comprando todos sus libros y leyéndola noche tras noche. Así la empecé a traducir, para entender sus palabras, para compartirla”, cuenta Bellessi por teléfono. Tiene la voz firme y dulce, sedimentada por la serenidad de quien, aún autora consagrada de más de 25 libros, sigue escribiendo, publicando y participando de lecturas, muchas veces con poetas emergentes. Es un mediodía de luz enceguecedora y ella está veraneando en su casa de Zavalla, el pequeño pueblo donde nació en 1946, al sur de Santa Fe.





Las geografías, los nombres, las poéticas, se mezclan en su conversación para trazar una coreografía que explique cómo se fue armando, a lo largo de décadas, ese milagro editorial que es la flamante publicación de Contéstame, baila mi danza. Se trata de una antología, con selección y traducción de Bellessi, que reúne a trece poetas norteamericanas: Rukeyser, junto a Rich, Jordan, Denise Levertov, May Sarton, Ursula K. Le Guin, Diane Di Prima, Mary Oliver, Lucille Clifton, Judy Grahn, Irena Klepfisz y Olga Broumas. Algo así como el dream team con las voces más prestigiosas de la poesía estadounidense escrita por mujeres durante la segunda mitad del siglo XX.



El libro tiene una historia mítica. Fue publicado en 1984 por Último Reino, con la inclusión de una extensa cantidad de poemas pero sólo de seis autoras, en una tirada reducida que los coleccionistas buscaban con ahínco. Diez años después, la editorial Angria, de Caracas, realizó una edición aumentada. De este modo, el público de habla hispana pudo acceder a estas poetas, que nunca antes habían sido traducidas al castellano. La edición actual de Salta el Pez reúne lo mejor de las iniciativas anteriores. Es decir, multiplicó el número de poetas, incluye una selección de más de veinte textos de cada autora en formato bilingüe y además, recupera un ensayo que se había podido leer en la edición de Último Reino sobre género y escritura de la activista Barbara Deming (símbolo de la resistencia antibelicista y la escritura lésbica desde los sesenta hasta su fallecimiento, en los ochenta).



El resultado es un compendio de casi 650 páginas, una polifonía de voces y estilos que desbordan cualquier inventario temático pero que no son ajenos a una especificidad: la búsqueda de una pertenencia identitaria que reivindica la diferencia. Y allí, también, la escritura como desafío a la idea de que la poesía es sólo un ripio del lenguaje, un juego de niños, un pasatiempo sin compromiso. Ya en 1949 Rukeyser confrontaba esta idea a través de su ensayo The life of poetry (La vida de la poesía) al escribir: “Un poema invita, interpela. ¿A qué invita? A sentir. Más que eso: a responder. Y mejor que eso: un poema invita la entrega total, de cara a la memoria”.



Es eso que Bellessi llama en el prólogo un “fuera de la ley”. ¿En qué sentido? En su revisión del mundo cultural otorgado, reivindicando a quienes quedan en los márgenes del poder: “Voces alertas al pulso de la historia, a la delicada humanidad que se despliega en construcciones culturales diferentes; es decir, por fuera del discurso canonizado”, propone. Esta doble voz, personal y política, incluye también una organización renovada del discurso poético que no renuncia al lirismo ni a la búsqueda de imágenes capaces de conmover el sentido común. Sin embargo, además de poner su oído en las herencias clásicas (aquí hay poemas que rescatan a pioneras como Safo, Emily Dickinson o Dorothy Wordworth) estas poetas recuperan el registro coloquial, sus giros, sus balbuceos como forma de pertenencia a lo humano y su singularidad. Un espíritu rebelde que, como señala la traductora, vincula a las autoras con Whitman, Thoreau, Melville y William Carlos Williams.



Rukeyser contesta desde las primeras páginas: “Cuando hablé de las mujeres bailando, salvajes, fue una máscara,/ en la montaña, a la caza de los dioses, cantando, orgiásticas,/ fue una máscara; cuando hablé del dios/ fragmentado, exiliado de sí (…)/ era yo, desgajada, sin habla, en exilio de mí”. Y proclama “¡Basta de máscaras! ¡Basta de mitologías!”. En ese sentido, Diana reflexiona al otro lado de la línea: “Los acontecimientos sociales y la poesía han sido, y aún son, una sola cosa para mí. En una tradición abrumadoramente mayoritaria de varones, quería crear familia y linaje, quería oír las voces de las mujeres. Supongo que allí centré y construí lo que supe llamar ‘mi propia comarca de traducción’, a la que siempre he regresado”.



Ella explica que Contéstame… fue creciendo por voluntad propia. Al comienzo eran un montón de papeles y traducciones mientras Nueva York se encendía en las calles por las luchas contra la guerra de Vietnam, a favor de los derechos civiles. Por debajo de esa efervescencia, y aún con resistencia al interior de estos activismos, el amor lésbico comenzaba a buscar una zona propia de enunciación y orgullo. Todo ese magma, que sólo llegó mucho después aquí, cercenado antes por la dictadura militar, se tradujo con el tiempo en nuevos viajes a Estados Unidos e intercambios con las poetas. Ellas estaban maravilladas por una muchachita que les devolvía el eco de sus voces en castellano. Con el tiempo, esos papeles lograron ser reunidos, transformados en libro. “Bueno, tampoco fue tan fácil”, aclara Diana. “Rukeyser se mostró muy interesada en las traducciones porque era conocedora de poetas como Octavio Paz o Antonio Machado. Así que ella misma supervisó lo que yo iba haciendo. Denise, por el contrario, no era muy feminista que digamos y casi era antilesbiana. Pero debajo de esa coraza dura, había un corazón blando y bello, como se puede ver en estos poemas y en su obra, que es genial. A la larga, las autoras comprendieron que no solo se trataba de difundir su obra sino que las poetas aquí, estábamos buscando también una nueva zona de enunciación, nuestra propia comarca”, agrega.



En el libro y en esta conversación, Bellessi se ocupa de presentar a cada una. Y de ofrecer algunas perlitas. En 1966, visitó a Adrienne Rich y se transformarían en grandes amigas. Ella le contó cómo su vida había cambiado al militar en el feminismo: “Por eso necesitaba, poéticamente, otras formas que manifestaran ese cambio. Empieza a ser posible para una mujer decir la verdad sin tener que codificarla”. Diez años después, publicaría en su libro El sueño de un lenguaje común, la serie “Veintiún poemas de amor” (varios fragmentos están incluidos en este libro). Se trata del primer abordaje abierto al amor lésbico en la historia de la literatura norteamericana. A su modo, responde además a Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda, confrontando aquella exhortación al silencio femenino de “me gusta cuando callas”.



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Puede ser que no todas las intertextualidades sean evidentes pero sí es un goce conocer algunos detalles. Diana trató a June Jordan, la poeta criada en ghettos, que junto a Audre Lorde, Alice Walker y otra de las incluidas en la antología, Lucille Clifton, incorporó al inglés un horizonte mítico y un coloquialismo afroamericano riquísimos. También compartió charlas con Irina Klepsif (nacida en Varsovia, sobreviviente del nazismo) en bares de Chelsea y el Village, allí donde había estado Di Prima con sus compañeros de la generación beat. En algún viaje, la traductora estaba decidida a encontrar el jardín que cultivaba May Sarton en Maine pero nunca lo logró. Tras leer el poemario de Ursula K. Le Guin, Wild Angels, Bellessi le envió a la autora una cajita que encerraba unos capullos crecidos en los plátanos del Delta, en el Tigre. La respuesta llegó pronto: fue otra cajita que contenía una pequeña rama de Oregon, donde Le Guin vivía. Así se inició una amistad que se tradujo en el libro Gemelas del sueño, publicado a fines de los noventa, donde cada una traduce poemas de la otra.



A la vez, la primera edición de este libro tuvo un alto impacto en la voz de otras poetas argentinas que comenzaron a consolidarse a partir del retorno democrático. Esta constelación incluye a Bellessi, pero también a Mirta Rosenberg (otra traductora fulgurante), Irene Gruss, Tamara Kamenzsain, María del Carmen Colombo y más acá en el tiempo, Alicia Genovese, Susana Villalba, Sonia Scarabelli, Gabby De Cicco y Andi Nachon, entre otras. De hecho, Scarabelli —con quien Bellessi tradujo a Mary Oliver en un volumen aún inédito — señala en la contratapa que la reedición de Contéstame, baila mi danza es una “celebración”: “Hay libros que se hacen esperar. Viajan como tesoros ocultos en un pliegue del tiempo en cuyo reverso, se diría, siempre aguarda el presente. Así ocurre con esta antología que inició su camino en los ochenta y que hoy regresa”.



Estos poemas parecen escritos ayer por su frescura, belleza y desparpajo. A la vez, retornan con toda la fuerza de voces que debieron abrirse paso en medio de un conservadurismo intelectual, en Estados Unidos y aquí. Muchas líneas de esta antología podrían responder a esos prejuicios. Como Judy Grahn cuando advierte: “y fui muchas veces una abuela malvada/ y seré muchas veces una hija malvada”. La poesía de estas mujeres se implanta, entonces, como parte de un linaje común que acorta la distancia entre idiomas, épocas y geografías. Esa es la victoria del lenguaje, su canción crítica pero esperanzada aún en momentos de intemperie, su danza compartida.





POEMAS DE LA ANTOLOGÍA CONTÉSTAME, BAILA MI DANZA



Esta mañana (Muriel Rukeyser)



Despierto esta mañana,



una mujer violenta en el violento día



riendo.



            Tras la línea de la memoria



a lo largo del largo del cuerpo de tu vida



donde se mueven infancia, juventud, la vida del tacto,



ojos, labios, pecho, vientre, sexo, piernas, con las olas de la sábana.



Miro a través de la plantita



sobre el alféizar de la ciudad



hacia las altas torres como libros, entrechocándose voraces,



el río centellea, fluye corroído,



el intrincado puerto y el mar, las guerras, la luna, los planetas, todo lo que puebla el espacio



en el sol visible invisible.



Violetas africanas en la luz



palpitando en un universo palpitante. Quiero una paz arraigada, y deleite,



las riquezas salvajes.



Quiero hacer mis poemas sensitivos:



encontrar mi mañana, encontrarte entero y



vivo moviéndote entre la gente anestesiada.



                            Te digo en las ráfagas del aire:



hoy una vez más



intentaré ser no violenta



un día más



esta mañana, despertando sin cesar al mundo



en el día violento.







Novedades (Denise Levertov)



i. América la Dadivosa



Después que el hotel de beneficencia



se derrumbó repentinamente (luego de reiterados avisos)



sobre la calle,



los adventistas del Séptimo Día trajeron



ropa a los sobrevivientes.



“‘Mira esto’, exclamó



Loretta Rollock, 48 años,



mientras sostenía un vestido verde



y ropa interior. ‘Nunca tuve



cosas tan lindas. Me siento como



cuando era pequeña y mamita



me traía algo’. Entonces

empezó a llorar”.



ii. En los escombros



Para algunos el colapso del hotel significó



que la vida tendría que empezar



de nuevo.



El sexagenario Charles, bajo beneficencia



como tantos otros, el que dijo,



‘Somos la gente sin raíces’, y



‘No tengo hogar, ni lugar en el que pueda decir



que realmente vivo’, y



‘Me había acostumbrado a esto’,



También dijo:



‘Perdí



todo lo que tenía



en los escombros.



Perdí mi ropa,



perdí la foto de mis padres



y perdí el televisor.’







Nota a pie de página (Ursula K. Le Guin)



No solamente tengo halcones



en mi familia, y torres



sobre las colinas doradas, sino también



cangrejos:       sobre la orilla chata y ruidosa



bajo los negros acantilados, cangrejos



pavoneándose en la sombra



de impetuosas algas encalladas.



Y hay muchos murciélagos



en mi herencia; el murciélago



quiebra la copa del crepúsculo junto a la casa



de búhos y acacias, escribe



mi nombre en el Almanaque



de Gotha: Ostrogotha.



                                       Y la polilla



es una especie de prima, y algunas noches



de otoño la lluvia es mi hermano mayor.







Una observación (May Sarton)



Los jardineros auténticos no usan guantes



Entre el roce gentil y la raíz tierna,



Deben dejar sus manos anudarse mientras se mueven



Con áspera sensibilidad



Bajo la tierra, entre la roca y el retoño.



Nunca magullar o herir la fruta oculta.



Vi así las manos de mi madre cubrirse de cicatrices.



Ella, que podía sanar al amigo o a la planta herida



Con el mismo vulnerable pero riguroso amor;



Una vez me inquietó ver su rugosa belleza,



Pero ahora me es dada su verdad para vivir,



Mientras aprendo a solas que debemos ser firmes



Si queremos movernos entre lo tierno con una mano abierta,



Y seguir sensitivas hasta el fin



Pagar con algo de dureza por un mundo gentil.







La extranjera (Adrienne Rich)



Mirando como antes he mirado, directamente al corazón



de la calle hacia el río



caminando por los ríos de avenidas



sintiendo el temblor de las cuevas bajo el asfalto



contemplando las luces encendidas de las torres



caminando como he caminado antes



un hombre, una mujer en la ciudad



la ira visionaria despejando mi visión



y las detalladas percepciones de merced



floreciendo de esa ira



Si entro a un cuarto fuera de la luz áspera y brumosa



los oigo hablar un lenguaje muerto



si me preguntan la identidad



qué puedo decir sino que



soy el andrógino



la mente viva que no logras describir



con tu lenguaje muerto



el nombre perdido, el verbo sobreviviendo



sólo en infinitivo



las letras de mi nombre están escritas bajo los párpados



del niño recién nacido







Singapur (Mary Oliver)



En el aeropuerto de Singapur,



una oscuridad fue barrida de mis ojos.



En el baño de mujeres, un compartimento permanecía abierto.



Una mujer estaba de rodillas allí, lavando algo



en la pileta blanca.







El disgusto argüía en mi estómago



y palpé, en mi bolsillo, mi pasaje.



Un poema debería tener siempre pájaros en él.



Alciones, dije, con sus ojos temerarios y sus alas llamativas.



Los ríos son agradables, y por supuesto árboles.



Una cascada, y si eso no es posible, una fuente



que se alce y caiga.



Una persona quiere estar en un lugar feliz, en un poema.







Cuando la mujer se dio vuelta no pude resolver su cara.



Su belleza y su molestia peleaban entre sí, y ninguna ganaba.



Ella sonrió y yo sonreí. ¿Qué sinsentido es éste?



Todo el mundo necesita un trabajo.







Sí, una persona quiere estar en un lugar feliz, en un poema.



Pero primero debemos observarla del mismo modo en que ella está absorta en su trabajo,



lo que es bastante monótono.



Está lavando las tazas de los ceniceros del aeropuerto, tan grandes como



llantas, con un trapo azul.







Sus pequeñas manos hacen girar el metal, frotan y lavan.



No trabaja despacio ni rápido, sino como un río.



Su cabello oscuro es como el ala de un pájaro.



No dudo por un momento de que ama su vida.



Y deseo que se levante del sarro y el cieno



Y vuele sobre el río.



Esto probablemente no sucederá.



Pero quizá suceda.



Si el mundo fuera sólo dolor y lógica, ¿quién lo querría?







Por supuesto, no lo es.



Ni tampoco quiero decir nada milagroso, sino sólo



la luz que puede irradiar vida. Quiero decir



el modo en que ella plegaba y desplegaba el trapo azul,



el modo en que su sonrisa fue sólo para mí; quiero decir



el modo en que este poema se llenó de árboles, y de pájaros.







No obstante… (Lucille Clifton)



No obstante



era bonito



cuando el afilador llegaba



deslizando su rueda



girando su rueda



y las chispas saltaban



en la oscuridad



cruzando el terreno



hacia el sector de los blancos







no obstante



era bonito



en la luz del almacén de maizie



mirar la rueda



y atrapar la rueda–



fuego girando en el aire



y nuestras hojas



y nuestras puntas



tan afilables como las de cualquiera







Soy la pared en el filo del agua… (Judy Grahn)



Soy la pared en el filo del agua



Soy la roca que se niega a ser golpeada



Soy la maricona en la materia, la otra



Soy la pared que se balancea femenina



Soy el dragón, soy la daga dañiña



Soy la machona y el machete







y fui muchas veces una abuela malvada







y seré muchas veces una hija malvada.


jueves, 16 de enero de 2020

Libreta-cuadro de artista (2) / Juan Rafael & Guadalupe Díez | Tam-Tam Press

Libreta-cuadro de artista (2) / Juan Rafael & Guadalupe Díez | Tam-Tam Press

LIBRETA-CUADRO DE ARTISTA / 2
Intervención plástica de la joven artista leonesa Guadalupe Díez Álvarez sobre una libreta-cuadro del pintor Juan Rafael. Se trata de una acción inacabada, que lleva el título de “Cuerpos femeninos”.
Esta es una de las diez libretas de artista que formaron parte de la exposición “Bosques, libretas y otros cuadros”, de Juan Rafael, que se pudo contemplar entre octubre y diciembre de 2019 primero en León (en las salas de El Albéitar) y más tarde en Ponferrada (en la sala del campus universitario, la galería Dosmivacas y La Mirada Viajera). Las iremos escaneando todas, las diez, poco a poco.

:: Sobre GUADALUPE DÍEZ

Guadalupe Díez. © Fotografía: Rafa Murciego.
Guadalupe Díez Álvarez es una muchacha de 14 años en la vida real. Una adolescente que estudia en el instituto Lancia de la ciudad de León. Desde niña mostró inclinaciones artísticas como dibujante, actriz, cantante…
Se ha formado con la cantante Cova Villegas y en los coros municipales, dirigida por Natividad Barrio. En la escuela de circo de La Pequeña Nave y en los Talleres de Bambara Zinema.
A su corta edad, además de su protagonismo en la pieza músico-poética-teatral Tirando del hilo (con el músico Rodrigo Martínez y el poeta Víctor M. Díez), ha participado en otras experiencias escénicas como la Ópera Brundibar (Juventudes musicales) o Cuántas llaves (Cuarteto Sin Red). Ha colaborado en los cortometrajes La moneda A cenar de Bambara Zinema.
Ha grabado un disco infantil colectivo dirigido por el músico Fernando Ballarín, titulado Timoteo, ¡qué jaleo! Dibujos suyos fueron utilizados en el montaje de teatro Aquí en la tierra del grupo El Mayal de la Universidad de León. Participó, prestando su voz, en el cortometraje La Proeza, dirigido por Isaac Berrocal y producido por Bambara Zinema y en un video-mapping para el proyecto de fin de grado superior de audiovisuales de un grupo de alumnos de María Auxiliadora.
Un micro-relato suyo, El arenero, fue accésit en el concurso literario ‘Unidos por generaciones’ 2018 en la Universidad de León y otro, El viaje, obtuvo el primer premio en su categoría, a nivel nacional, del concurso ‘El cereal, el pan nuestro de cada día’, el mismo año.
En 2019, fue distinguida con el primer premio en el ‘Concurso Provincial de Cultura Clásica’, convocado por la Sección de León de la Sociedad Española de Estudios Clásicos, por su trabajo gráfico ‘Naturaleza de mujer’.
Ilustración de Guadalupe Díez Álvarez.

sábado, 11 de enero de 2020

El coloquio de las perras

El coloquio de las perras – Lecturafilia



Al igual que Luna Miguel, yo también siento la ilusión por un ladrido, por ese cambio palpable que tenemos que impulsar en aras de una sociedad más justa e igualitaria. Sobra decir que esta igualdad se lograría reivindicando a las mujeres que nos precedieron y que lucharon por conseguir derechos. Pero, ¿no os ocurre que os sentís esperanzadas y al mismo tiempo con miedo por lo que pueda pasar? Ante el ascenso de políticos de extrema derecha, es necesario ladrar con más fuerza, que no nos quedemos quietas porque lo conseguido no es definitivo y siempre son más rápidos los pasos hacia atrás que hacia delante.
Con el objetivo de luchar por la igualdad, desde los diversos campos y áreas están surgiendo voces que recomiendan el conocimiento del pasado y de las personas que lucharon por unas mejores condiciones de vida, o que simplemente sobrevivieron. En la literatura son bastantes las iniciativas que surgen a modo de genealogías de las voces femeninas que fueron silenciadas por el patriarcado, caso de Las Sinsombrero, un proyecto transmedia comandado por Tània Balló y que recoge las biografías de las mujeres de la Generación del 27 de las que no habíamos escuchado hablar en nuestra etapa escolar. A ella se suman otras muchas, como el libro de Versos con faldas, editado por Torremozas a cargo de un estudio de Fran Garcerá y Marta Porpetta en el que se cuenta la historia de la primera tertulia feminista fundada en 1950 por Gloria Fuertes y otras dos amigas poetas. Hay muchísimos más, que podéis encontrar en la sección de literatura feminista de este blog, pero hoy os quiero hablar de El coloquio de las perras, un libro de la poeta y periodista Luna Miguel en el que se recogen las voces de varias escritoras latinoamericanas silenciadas o menospreciadas. Aquí conocemos la visión personal que realiza la propia Miguel de autoras como Elena Garro, Rosario Ferré (de la que toma prestado el título para el libro), Pita Amor, Alcira Soust Scaffo, Aurora Bernárdez, Gabriela Mistral, Agustina González, María Emilia Cornejo, Eunice Odio, Marvel Moreno, Victoria Santa Cruz o Alejandra Pizarnik, a las que acompaña con una carta.
El coloquio de las perras es un libro imprescindible, del que he sacado muchísimas citas para reflexionar y que se puede leer como un acercamiento a las autoras propuestas, de las que poco o nada conocía. A raíz de esta lectura, tan potente y documental, me quedo con ganas de indagar un poco más y de leer poco a poco a estas mujeres que sufrieron una doble invisibilización: por ser mujeres y latinoamericanas. Luna Miguel reflexiona sobre muchísimos temas, como el escritor macho, el canon literario, el concepto de ‘escritor maldito’, y ‘escritora maldita’, las razones que llevan a que una mujer siempre esté por debajo de un hombre etc. Su escritura, muy apegada al estilo periodístico, está repleta de citas lapidarias que ponen el foco en la cruel realidad y también indagan en los porqués del desconocimiento de tantas escritoras.
El escritor macho merodea por selvas y por bosques con su pelaje amable de intelectual. El escritor macho se alimenta de botellas de vino y de un cierto número de drogas que en la mayoría de los casos ni siquiera ha pagado él. El escritor macho copula como el mejor de los machos, es decir, sin el consentimiento de la fémina a la que cree haber cortejado. El escritor macho cree que aúlla, pero su quejido es penoso y torpe. El escritor macho es de una raza pura, necesaria, universal. Pero el escritor macho, por suerte para todos menos para él, se encuentra en estos momentos en peligro de extinción porque las que llevan siglos sufriéndole han empezado a darle caza”.
Os lo digo de verdad, no podéis dejar pasar este libro, sobre todo porque es necesario, intenso, políticamente incorrecto y porque impulsa a repensar lo que somos.
Ficha técnica
Título: El coloquio de las perras
Autora: Luna Miguel
Editorial: Capitán Swing
Año de publicación: 2019
Número de páginas: 165

viernes, 6 de diciembre de 2019

ESCRITO A CIEGAS, de Martin Adán

ESCRITO A CIEGAS

¿Quieres tú saber de mi vida?
Yo sólo sé de mi paso,
De mi peso,
De mi tristeza y de mi zapato.
¿Por qué preguntas quién soy,
adónde voy?… Porque sabes harto
Lo del Poeta, el duro
y sensible volumen de ser mi humano,
que es un cuerpo y vocación,
sin embargo.
Si nací, lo recuerda el Año
Aquel de quien no me acuerdo,
Porque vivo, porque me mato.
Mi Ángel no el de la Guarda.
Mi Ángel es del Hartazgo y Retazo,
que me lleva mi término,
tropezando, siempre tropezando,
en esta sombra deslumbrante
que es la Vida, y su engaño y su encanto.
Cuando lo sepas todo…
Cuando sepas no preguntar…
Sino roerte la uña de mortal,
entonces te diré mi vida,
Que no es más que una palabra más…
La toda tuya vida es como cada ola:
Sabe matar,
sabe morir,
y no saber retener su caudal,
y no saber discurrir y volver a su principio,
y no saber contenerse en su afán…
Si quieres saber de mi vida,
vete a mirar al Mar.
¿Por qué me la pides, Literata?
¿Ignoras acaso que en el Mundo,
todo de nadas acumuladas,
de desengrandar infinitudes,
no sino un trasgo
eterno, sombra apenas de apetito de algo?
La cosa real, si la pretendes,
no es aprehenderla sino imaginarla.
Lo real no se le coge: se le sigue,
y para eso son el sueño y la palabra.
¡Cuídate de su atajo!
¡Cuídate de su distancia!
¡Cuídate de su despeñadero!
¡Cuídate de su cabaña!
¿Quién soy? Soy mi qué,
Inefable e innumerable
figura y alma de la ira.
No, eso fue al fin… y era al principio,
antes de donde el principio principia.
Soy un cuerpo de espíritu de furia
asentada y de aceda ironía.
No, no soy el que busca
el poema, ni siquiera la vida…
Soy un animal acosado por su ser
que es una verdad y una mentira.
¡Es tan simple mi ser, y tal ahogo,
con punzada en nervio y carne!…
Yo buscaba otro ser,
y ése ha sido mi buscarme.
Yo no quería ni quiero ya ser yo,
sino otro que se salvara o que se salve,
no el del instinto, que se pierde,
ni el del entendimiento, que se retrae.
Mi día es otro día,
algún no sé dónde estarme,
a dónde no sé ir en mi selva
entre mis reptiles y mis árboles,
libros y cementos
y estrellas de neón.
Mujeres que se me juntan como la pared y como nadie…
…….o como madre,
y el recién nacido que sobre mí llora,
y por la calle
todas las ruedas
reales y originales.
Así es mí día cabal,
hasta la última tarde.
El Otro, el Prójimo, es un fantasma.
¿Existe el aire
donde te asfixias y recreas
respirando, tu cuerpo inane?
¡No, nada es sino la sorpresa
eterna de tu mismo reencontrarte
siempre tú los mismos entre los mismos muros
de las distancias y de las calles!
¡Y de los cielos estos techos
que nunca me ultiman porque nunca caen!
Y no alcancé al furor de lo divino,
ni a la simpatía de lo humano.
Lo soy y no lo siento ni así me siento.
Soy en el Día el Solitario
y el absoluto en la Zoología si pienso,
o como carnívoro feroz si agarro.
¿Soy la Creadura o el Creador?
¿Soy la Materia o el Milagro?
¡Qué mía y qué ajena tu pregunta!…
¡Quién soy? ¿Lo sé yo acaso?
¡Pero no, el Otro no es!
¡Sólo yo en mi terror o en mi orgasmo!
¡Y con todos mis sueños resonados,
y con toda la moneda recogida,
y con todo mi cuerpo, resurrecto
tras cada coito, ciego, vano, sin pupila!…
¡Cuando no seas nada más que ser,
Si llegas a la edad de la agonía!…
¡Cuando sepas, verdaderamente,
que es ayuntamiento de muerte y vida!…
¡Entonces te diré quién soy,
seguro sí, que ya sin voz, Amiga!
Que se curan con hierbas eficaces
los puros animales que hablan
allá, entre piedras inmateriales
el mundo real y la ciencia humana,
donde, con una pelota
los muchachos aparentes hediondos gozaban.
Sí, la vida es un delirio así, sin embargo,
en esa vida no estuvo mi nada,
ninguna, pero real, pero celeste o volcánica.
¡Qué parte llega el tiempo
a su punto de olvido o de sensibilidad!
Viene arrastrando, como el aluvión,
de cúmulo, de suelo, de humanidad.
¡Cuán a destiempo llega uno a sí mismo!
¡Cuán inesperado y desesperado cualquier ya,
todo yo que cae con el Tiempo
desde nunca siempre y para siempre jamas!
¡Qué madrugada eterna no dormida
lo del resolverme en el hacer y en el pensar!
La soledad es una roca dura
contra la que arroja el Aire.
Está en cada pared de la Ciudad,
cómplice, disimulándose.
Me arrojo o me arrojo, sin cesar
yo soy mi impedimento y mi crearme.
La Poesía es, amiga,
inagotable, incorregible, ínsita.
Es el río infinito
todo de sangre,
todo de meandro, todo de ruina y arrastre de vívido…
¿Qué es la Palabra
sino vario y vano grito?
¿Qué es la imagen de la Poética?
Sino un veloz leño bajo un gato írrito?
Todo es aluvión. Si no lo fuera,
nada sería lo real, lo mismo.
El amor no sabía
sino tragarse su substancia
y así la Creación se renovaba.
Todo me era de ayer, pero yo vivo;
y a veces creo, y la Vez me amamanta.
No soy ninguno que sabe.
Soy el uno que ya no cree
ni en el hombre,
ni en la mujer,
ni en la casa de un solo piso,
ni en el panqueque con miel.
No soy más que una palabra
volada de la sien,
y que procura compadecerse
y anidar en algún alto tal vez
de la primavera lóbrega
del ser
no me preguntes más,
que ya no sé…
Supe que no era lo que no era, no sé cómo, y todo era
hasta la cosa de mi nada.
Y fui uno no sé cuándo,
Persiguiendo, por entre numen y maraña
Dentro de ella, yo, nacido y flaco, ya con todas las armas,
yo por todo paso que me hacía,
a ello persiguiendo… a la palabra
a cualquiera,
a la de la madriguera o a la que salta.
Si mi vida no es esto
¿Qué será la vida?… ¿Adivinanza?…
Que me dé tiempo el Tiempo, a más del suyo,
y yo me reharé mi eternidad;
lo que me falta,
porque la eché… me estuvo un momento demás.
¿Sabes de los puertos encallados,
del furor y del desembarcar,
y del cetáceo con mojadísimo uniforme,
que no nada y cae ya?
¿Sabes de la ciudad tanta,
que me parece ciudad,
sino cadáver disgregado,
innumerable e infinitesimal?
Tú no sabes nada;
Tú no sabes sino preguntar,
Tú no sabes sino sabiduría
Pero sabiduría no es estar
sin noción de nada, sino proseguir o seguir
a pie hacia el ya.

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Amor, sexo y poesía: 6 mujeres confesándose a la luz de los versos

Amor, sexo y poesía: 6 mujeres confesándose a la luz de los versos - Infobae

Amor, sexo y poesía: 

6 mujeres confesándose 

a la luz de los versos

¿Un poema es una confesión? En cinco libros editados recientemente, las autoras hacen de este género el terreno ideal para liberarse de ataduras —algunas sociales, otras personales— y proyectar nuevos sentidos


“Lo que hice con tu cepillo de dientes cuando me dejaste y otros poemas de amor” de Mavi Massaro y “Romance Revolución” de Jazmín López y Dorothea Lasky
“Lo que hice con tu cepillo de dientes cuando me dejaste y otros poemas de amor” de Mavi Massaro y “Romance Revolución” de Jazmín López y Dorothea Lasky
En algún momento de la historia, la poesía descendió al inframundo de la inutilidad. Siempre estuvo ajena a las necesidades del capital, siempre se deslizó por los canales oníricos, siempre fue un no-instrumento, pero en algún momento de la historia se la degradó al nivel de lo inútil. ¡¿Y qué mejor, para un poeta, que escribir sin la más mínima proyección de nada?! “Voy a ocultarme en el lenguaje”, decía Alejandra Pizarnik y se zambullía en las refrescantes aguas del verso, lentamente, de a poco, pero con mucha decisión. Cuando nadaba dentro de la poesía, lo demás no importaba.
La filósofa francesa Michèle Riot-Sarcey hace una distinción entre el siglo XIX y el XX que permite comprender mejor el desplazamiento de la poesía: el siglo XIX es el siglo de la utopía —y podríamos agregar del romanticismo— y el siglo XX es el de la distopía y de la ideología. Durante el XIX, con la llegada de la Modernidad, el poetas simbolistas indagaron sobre la ambivalencia del progreso y la razón, pero a partir del siglo XX —y con el descubrimiento freudiano del inconsciente quemándonos por dentro— la poesía vira hacia un interior subjetivo asombrosamente oscuro.
Es allí cuando empiezan a tomar fuerza las poetas mujeres, que transforman al estigma de la inutilidad poética en bandera explotando una serie de sentidos invisibilizados. Anne Sexton y Sylvia Plath son dos referencias posibles; de este lado del mapa, Pizarnik, sin dudas. Pero ahora, en el siglo XXI, ¿cómo continúa esa tradición? La tercera ola del feminismo dio aún más impulso a las autoras que dejaron de ser traficantes de sentidos rosas en un mundo celeste para disputar la centralidad de igual a igual… y ganarla, si es que se puede hablar en estos términos dentro de la poesía.
Comer fuego
¿Un poema es una confesión? En Romance Revolución, un extraño poemario en prosa editado por Mansalva, que por momentos asume el juego de una poética casi ensayística, Jazmín López Dorothea Lasky aseguran que sí. “La poesía es ese lenguaje que hace posible un modo de pensamiento complejo, poroso, poderoso”, aseguran en este texto escrito a cuatro manos. Un libro breve dividido en dos partes —“Y yo nunca hablé con Warhol” y “El tiempo, la rosa y la luna”— que navega sobre la idea de que el enamoramiento es una forma revolucionaria que, por lo tanto, puede derivar en nuevas formas de pensar el mundo.
La poesía, con el objetivo de “lanzar imágenes al estómago que nos cueste digerir”, propone “maneras de manifestar que nos sacan de lo adecuado”. De ahí, a la radicalidad. “No, no soy una feminista radical, y si lo soy poco importa mi ser. Ni siquiera sabés si quien escribe es una mujer o la otra, o las dos, o todas juntas”, se lee. “Tengo el corazón en la punta de todos mis dedos a la vez”, es uno de los fragmentos más poéticos. En este libro, el sexo (“sexo ante lo crudo”) y el amor se trenzan en un deseo: “Que mi boca aprenda a comer fuego”.
“La novela de la poesía” de Tamara Kamenszain
“La novela de la poesía” de Tamara Kamenszain
Tu moral es mi tanga
Si toda confesión implica un cambio, es decir, pasar por el lenguaje una verdad para radicalizarla, entonces Puta poesía es movimiento. Nina León nació en Formosa hace 33 años como Natalia Canteros. Es periodista y militante, y desde 2017, trabajadora sexual. Este libro editado por Paula Jiménez España es su primer poemario. ¿Y de qué trata Puta poesía? Si habría que escribir una palabra clave para que el algoritmo la reproduzca sería sexo. “La poesía de Nina está parada y mojada al mismo tiempo. Te la mete y se la come en un solo un verso”, escribe Juan Sklar en el prólogo. Un anticipo de lo que sigue.
El primer poema dice así: “Nací masturbándome / con la izquierda / mientras escribía con la derecha / lo que repetía mi cuerpo mojado: / escuchate, / escuchate”. El sexo está en primer plano, como el río central que abastece a los afluentes: los clientes, el amor, la familia, un lesbianismo precoz, un abuso sexual infantil, la relación entre saliva y plusvalía, el sindicato de las hormonas, algo de redes sociales, mucho cuerpo, el asco, el placer y la sed eterna y descarada. “Te sedujo / verme cambiar de piel / y ahora te da miedo”, se lee, y también: “Tu moral / es mi tanga. / La lamo”.
Desesperación y levantarse
Lo que hice con tu cepillo de dientes cuando me dejaste y otros poemas de amor. Así se titula el primer libro de Mavi Massaro que acaba de publicar Halley Ediciones. Se lee de corrido, sin pausas ni intervalos. Es un poemario sobre la desesperación del desamor y su intensidad. “Y vos ya no me querés / así que me conformo / con hacer amenazas de bomba / en tu trabajo”, se lee. También: “Entonces no sé si escribirte / o comprarme medialunas / o masturbarme / o esperar un poco más / pero decirte que tengo ganas / de arrancarte la ropa / lamerte los huevos / ser bien sucia / y que me desarmes / con tu lengua”. Y también: “A estos poemas / les falta / tinder / y le sobran / adornos”.
Es la metamorfosis desesperada de un corazón hecho trizas que se desliza con violencia de un estadío a otro: del dolor al despecho, al “estoy de novia conmigo”, a extrañar, a la desesperación, a escribirle “al primero que me devuelva lo puta”, al llanto, al duelo, a la siempre ilusoria sensación de estabilidad emocional. “El amor es un robo / y el tuyo / me dejó en pelotas”, escribe Mavi Massaro y construye la idea —algo incómoda para esta época de control y contratos de responsabilidad sexoafectiva— de que el amor es deseo e incertidumbre y requiere de cierta valentía para aceptarlo, aunque salga mal, aunque termine volteándonos. Después, tocará levantarse. Es parte de la vida.
“Puta poesía” de Nina León y “Mal abrigada” de Paola Soto
“Puta poesía” de Nina León y “Mal abrigada” de Paola Soto
Escribir es ventilar
“¿Será entonces que cuando escribo yo ventilo / las quejas, las falencias, las taras / que aparecen y desaparecen al ritmo / de mis sucesivos análisis?”, escribe Tamara Kamenszain en El libro de los divanes, su último libro de poesía, publicado en 2014. No es su último libro, el ensayo de 2018 titulado El libro de Tamar lo es. Kamenszain es una destacada ensayista aunque también una de las grandes poetas de la Argentina. Este año, la editorial Adriana Hidalgo Editora reeditó su poesía completa sumando El libro de los divanes bajo el título de La novela de la poesía. En los versos recién citados hay una clave para pensar la poesía como confesión: escribir es ventilar.
En las casi quinientas páginas de La novela de la poesía se deslizan postales cotidianas, muchas urbanas, muchas sociales, otras tantas personales e introspectivas, siempre ingeniosas, guiadas por tan su singular yo lírico. Es el trabajo de toda una vida y esa intensidad se palpa. En su primer libro, De este lado del Mediterráneo, se lee en el poema en prosa titulado “Retorno”: “Todo es eterno porque el tiempo que pasa no importa, él está señalando siempre el fin de los tiempos que es el presente, que es este aire cálido y liviano que entra ahora por las ventanas de todas las casas de Buenos Aires mientras en Dinamarca llueve demasiado y en Egipto están las pirámides que miran hacia el sol señalándolo”.
Mi incendio tocando tus hielos
En Mal abrigada (Valparaíso ediciones), la venezolana Paola Soto bordea la falta, ese vacío que nos repliega hacia nosotros mismos. En el prólogo, Elvira Sastre define este libro como “un pase sentimental por Buenos Aires” donde “el lector se quita la ropa y recorre sus caminos”. No miente: la sucesión de los 56 poemas titulados por su número construye un recorrido que reinterpreta, al igual que el poemario de Mavi Massaro, el despecho romántico. “Cuánto caos / es sólo mi incendio tocando tus hielos. / Ya pasará”, se lee en las primeras páginas.
Luego todo se intensifica, pero nunca pierde la mirada nostálgica de lo que fue ese amor que ya no es, y la tristeza constitutiva de esta voz poética. “Me estoy rompiendo / sólo para ver / qué me hiciste por dentro”, escribe Paola Soto, y también: “No te vayas a morir ahora / que sabemos / que todo se arregla”. Hay un leve optimismo que se desarma cuando observa que, mientras realiza su confesión a la luz de los versos, no sólo ella cambia, también el destinatario de ese amor y, por sobre todas las casos, el mundo. Y ahí se provoca la gran transformación. ¿Acaso somos los mismos después de confesarnos?