lunes, 25 de septiembre de 2017

Arthur Cravan, el poeta con guantes de boxeo -

Arthur Cravan, el poeta con guantes de boxeo -





Arthur Cravan, el poeta con guantes de boxeo


Viejo, niño, estafador, granuja,
ángel y juerguista; millonario, burgués,
cactus, jirafa o cuervo; cobarde,
héroe, negro, mono, Don Juan, rufián, lord, campesino,
cazador, industrial, fauna y flora:
¡Soy todas las cosas, todos los hombres y todos los animales!

                                                                                           Arthur Cravan
ANGEL SALGUERO
Poeta, boxeador, buscavidas, sobrino de Oscar Wilde y precursor de las vanguardias. Quizá Arthur Cravan no sea más que una nota a pie de página en la literatura de principios del siglo XX, pero su personalidad provocadora y el misterio que rodeó su vida y su desaparición a bordo de un barco en aguas de México en 1918 le han convertido en un personaje de leyenda.
Su historia comienza en Lausana, Suiza, donde nació en 1887 con el nombre de Fabian Avenarius Lloyd. De porte imponente, con casi dos metros de estatura y 120 kilos de peso, fue expulsado de una academia militar en Inglaterra tras llegar a las manos con uno de los instructores. Se entregó después a una vida errante y cosmopolita que le llevó por diferentes ciudades europeas y de Estados Unidos. «Tengo veinte países en mi memoria», escribió, «y arrastro en mi alma los colores de cien ciudades».
Cravan-Rimbaud
Cravan-Rimbaud
Un joven Arthur Cravan y su ídolo, Arthur Rimbaud.

Isaac Cravan, Dorian Hope, Robert Miradique, James M. Hayes… En cada lugar creaba una personalidad distinta y se empleaba en todo tipo de oficios: carnicero, leñador, profesor, recolector de fruta, falsificador. Una herencia familiar le permitió instalarse en París en 1908. Allí fue donde Fabian se transformó definitivamente en Arthur Cravan. ‘Arthur’ en homenaje a su admirado Arthur Rimbaud y ‘Cravan’ por Cravans, una diminuta población al oeste de Francia donde vivió una temporada con una de sus amantes.
Portada de Maintenant










Portada de Maintenant
Portada de uno de los números de Maintenant.



















Comenzó a presentarse como crítico de arte, ofreciendo caóticas conferencias en las que solía aparecer borracho y que, en más de una ocasión, concluyeron con Cravan desnudándose ante el público o amenazando con suicidarse. Con ello se ganó la admiración de artistas e intelectuales como André Breton, Marcel Duchamp o Francis Picabia.
El paso siguiente fue crear su propia revista, a la que llamó ‘Maintenant’ (Ahora). En los cinco números que se publicaron entre 1912 y 1915 Cravan escribió prácticamente todos los artículos, utilizando diversos seudónimos. También vendía él mismo los ejemplares, empujando un enorme carrito por las calles de París.
Como escribe María Luisa Sanjuán Iriarte, ‘Maintenant’ no perseguía «ningún tipo de rigor informativo ni deontología periodística». Su valor, afirma, residía en su «crítica despiadada»: «El subjetivismo de Cravan anunciaba sin saberlo todos los ‘ismos’ que vendrían después: Dadaísmo, Surrealismo, Futurismo…». Ese afán provocador y nihilista llegó a su máxima expresión en el cuarto número de la revista, dedicado a la exposición del Salón de los Independientes de 1914, sobre la que vertió sus comentarios más ácidos.
Salon Independants
Salon Independants
Noticia en ‘Le Petit Comptois’ sobre el Salón de los Independientes de 1914.

Su crítica de un autorretrato de la pintora Marie Laurencin, a quien sugería que se introdujera cierto objeto en cierta parte, provocó la ira de su amante, el poeta Guillaume Apollinaire, que le retó a un duelo. Cravan se salvó del enfrentamiento al ofrecer una disculpa a medias y maquillar, muy levemente, su comentario original: «He aquí una que necesita que se le levanten las faldas y se le meta una gran astronomía en el Teatro de Variedades».
Laurencin-Apollinaire
Laurencin-Apollinaire
Autorretrato de Marie Laurencin (1912) e imagen de Guillaume Apollinaire con su uniforme de soldado y la herida que le causó un impacto de metralla.

Con el resto de artistas no fue mucho más benévolo: «Pintamonas de horribles caretos, pintamonas de pelo largo y de pelo corto… Dentro de poco, en la calle, no veremos más que artistas y tendremos dificultades para encontrar un hombre». Su ira se dirigió también hacia intelectuales como el escritor André Gide, de quien dijo: «El señor Gide no parece un hijo del amor, ni un elefante, ni varios hombres: parece un artista. Su osamenta no es nada notable; sus manos son las de un vago, muy blancas ¡pardiez! Su porte traiciona a un prosista que nunca podrá hacer un verso».
Uno de sus poemas, también publicado en ‘Maintenant’, ofrece las claves de su actitud desafiante:
«Todo contra el mundo
hasta el corazón
hasta la vida misma
si valiera la pena morirla».
Tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, Cravan abandonó París para evitar ser reclutado. Pasó por las islas Canarias y acabó en Barcelona, donde vivió cerca de un año, aunque su intención era cruzar el Atlántico y llegar a Nueva York. Pero para ello necesitaba dinero… y un plan.
Cravan vs Johnson
Cravan vs Johnson
Noticia en un periódico de la época que anuncia el combate entre Jack Johnson y Arthur Cravan en la plaza de toros Monumental de Barcelona el 23 de abril de 1916.

Aprovechó su fama de boxeador profesional —llegó a venderse como campeón de Francia de semipesados, aunque al parecer nunca había competido— y organizó (‘amañó’ sería, tal vez, un término más correcto) una pelea con el entonces campeón del mundo Jack Johnson. El acontecimiento tendría lugar en la plaza de toros Monumental de Barcelona el 23 de abril de 1916, con un premio de 50.000 pesetas en juego (que los dos habrían acordado repartirse, pasara lo que pasara). La ciudad se empapeló de posters anunciando la velada mientras los medios seguían de cerca la preparación de Cravan.
El día del combate, el poeta se presentó al parecer completamente borracho y, de los veinte asaltos anunciados, aguantó seis antes de desplomarse sobre la lona. Según contaron los cronistas, Johnson alargó la agonía de su rival más que nada por obligación, ya que la pelea se estaba filmando. Al final, ambos consiguieron su parte del trato y Cravan pudo embarcar en el transatlántico Montserrat, con rumbo a Nueva York.
Cravan y Johnson en el ring
Cravan y Johnson en el ring
Jack Johnson y Arthur Cravan durante su combate en Barcelona.

Entre los pasajeros que abandonaron con él Barcelona el 16 de diciembre de 1916 se encontraba León Trotski, quien en su biografía se refirió a Cravan como «un boxeador y literato ocasional, primo de Oscar Wilde, que confesaba francamente que prefería demoler la mandíbula de los señores yanquis, en un deporte noble, a dejarse hacer pedazos por un alemán».
«¡Nueva York! ¡Nueva York! ¡Deseo habitarte!». Fascinado por la energía de Manhattan, Cravan se introdujo en las vanguardias artísticas e intelectuales como representante de los movimientos europeos más transgresores. En abril de 1917, Marcel Duchamp le invitó a dar una conferencia en el Grand Central Palace. Causó sensación y la policía se lo llevó a rastras, borracho, medio desnudo e increpando a los asistentes.
Mina Loy
Mina Loy
Mina Loy.

Poco tiempo después, en otro encuentro de artistas e intelectuales, conoció a la que sería el amor de su vida, la británica Mina Loy, según William Carlos Williams una de las poetas más importantes de su generación. Contrajeron matrimonio en 1918 y se trasladaron a México, donde vivían del escaso dinero que Cravan conseguía dando clases de boxeo y de las performances que ambos organizaban al aire libre.
En septiembre de ese mismo año la pareja tomó la decisión de afincarse en Buenos Aires. Sólo tenían dinero para un pasaje así que mientras Loy, embarazada, se embarcaba, Cravan alquiló un pequeño pesquero que él mismo habría de conducir hasta la costa argentina. Fue la última vez que se tuvieron noticias suyas, ya que tanto él como el barco desaparecieron sin dejar rastro. Tenía 31 años.
Mina le esperó durante meses en Buenos Aires, desesperada ante la falta de noticias y los nulos resultados de la investigación policial. Finalmente se dio por vencida y regresó a Inglaterra, donde nació Fabienne, la hija de ambos.
Fabienne, la hija de Arthur Cravan y Mina Loy, en una imagen de finales de los años 20.
Fabienne, la hija de Arthur Cravan y Mina Loy, en una imagen de finales de los años 20.

Philippe Soupault, uno de los fundadores del Surrealismo, le dedicó este epitafio:
«Los mercaderes de las cuatro estaciones han emigrado a México
Viejo boxeador has muerto allí
Y ni siquiera sabes por qué
Gritabas más fuerte que nosotros en los palacios de América
Y en los cafés de París
Nunca te miraste en un espejo
Pasaste las vacaciones en el hospital
¿Qué vas a hacer al cielo, viejo?
Ya no tengo nada que esconderte
El Sena aún corre ante mi ventana
Tus amigos son muy ricos
Me muero por fumar».
Punto final a la historia de Arthur Cravan… ¿o no?
Se dice que tres años más tarde, en torno a 1921, comenzaron a circular por París, Londres y Dublín manuscritos falsificados atribuidos a Oscar Wilde. Las cartas que recibieron libreros y tratantes ofreciendo dichos documentos estaban selladas en París y venían firmadas por ‘Monsieur André Gide’, ‘Dorian Hope’, ‘Sebastian Hope’ o ‘B. Holland’. El auténtico Gide estaba convencido de que se trataba de Cravan. Según su biógrafo Roger Conover, «si las sospechas son ciertas, entonces Cravan habría seguido en circulación bien entrada la década de los 20».
Loy-Cravan
Loy-Cravan
Mina Loy en una imagen de 1957 y Arthur Cravan.

Pero si alguien no le olvidó fue Mina. Muchos años después de su desaparición, preguntada por cuál había sido el momento más feliz de su vida, contestó: «Todos los momentos pasados con Arthur Cravan». El más desgraciado, «el resto de mi vida».

Texto completo de ‘Arre’, el poema de Arthur Cravan que abre este artículo:
¿Qué alma disputará mi cuerpo?
Oigo la música:
¿me arrastrará?
Me gusta tanto el baile
y las locuras físicas
que siento con evidencia
que, de haber sido jovencita,
habría acabado mal.
Pero desde que estoy sumergido
en la lectura de esta revista ilustrada
juraría no haber visto en mi vida
fotografías más asombrosas:
el océano perezoso meciendo las chimeneas.
Veo en el puerto, sobre el puente de los vapores,
entre mercancías imprecisas,
mezclarse los choferes con los marineros;
cuerpos pulidos como máquinas,
mil objetos de la China,
las modas y las invenciones;
luego, dispuestos a atravesar la ciudad,
en la suavidad de los automóviles,
los poetas y los boxeadores.
¿Cuál es esta noche mi error?
¿Que entre tanta tristeza
todo me parece bello?
El dinero que es real,
la paz, las vastas empresas,
los autobuses y las tumbas;
los campos, el deporte, las queridas,
hasta la vida inimitable de los hoteles.
Quisiera estar en Viena y en Calcuta.
Tomar todos los trenes y todos los navíos,
fornicar con todas las mujeres y engullir todos los platos.
Mundano, químico, puta, borracho, músico, obrero, pintor, acróbata, actor;
viejo, niño, estafador, granuja, ángel y juerguista; millonario, burgués, cactus, jirafa o cuervo;
cobarde, héroe, negro, mono, Don Juan, rufián, lord, campesino, cazador, industrial,
fauna y flora:
¡soy todas las cosas, todos los hombres y todos los animales!
¿Qué hacer?
Probaré con el aire libre,
¡quizás ahí podría prescindir
de mi funesta pluralidad!
Y mientras la luna,
más allá de los castaños,
unce sus lebreles
e, igual que un caleidoscopio,
mis abstracciones
elaboran las variaciones
de los acordes
de mi cuerpo,
que mis dedos pegados
a la delicia de mis llaves
absorben frescos síncopes,
bajo mociones inmortales
mis tirantes vibran;
y, peatón ideal
del Palais-Royal,
me embriago de candor
incluso con los malos olores.
Repleto de una mezcla
de elefante y de ángel,
lector mío, paseo bajo la luna
tu futuro infortunio,
armado con tanta álgebra
que, sin deseos sensuales,
entreveo, fumadero del beso,
coño, mamada, agua, África y descanso fúnebre,
detrás de las persianas tranquilas,
la calma de los burdeles.
Bálsamo, ¡oh mi razón!
Todo París es atroz y odio mi casa.
Los cafés ya están oscuros.
Sólo quedan ¡oh mis histerias!
los claros establos
de los orinales.
Ya no puedo seguir quedando fuera.
Ésta es tu cama; sé tonto y duerme.
Pero, último inquilino
que se rasca tristemente los pies,
y, aunque cayendo a medias,
si yo oyese sobre la tierra
retumbar las locomotoras,
¡cuán atentas podrían volverse mis almas!
FUENTES:
Las vidas misteriosas de Cravan por Vicente Molina Foix (El País, 17 de agosto de 2008)
Arthur Cravan, la provocación en El desván de la sopa.
The Lyrical Heavyweight por Dan Fox (Frieze magazine, septiembre de 2001)
The Provocations of Arthur Cravan por Andy Merrifield (The Brooklyn Rail, 1 de junio de 2004)

lunes, 26 de junio de 2017

El Festival de Poesía Expandida ‘UROGALLO’ regresará a León a finales de octubre | Tam-Tam Press

El Festival de Poesía Expandida ‘UROGALLO’ regresará a León a finales de octubre | Tam-Tam Press



Imagen para la primera edición del Festival UROGALLO, realizada por Eduardo Fandiño.



La Junta de Gobierno del Ayuntamiento de León aprobó el pasado 23 de junio de 2017, entre otros asuntos, la contratación de los espectáculos y artistas para la programación de la segunda edición del Festival de Poesía Expandida ‘UROGALLO’, que se celebrará en la ciudad de León los días 27 y 28 de octubre de 2017.
Para esta nueva edición, el programa del II Festival de Poesía Expandida UROGALLO incluye seis espectáculos en los que la poesía, en cualquiera de sus manifestaciones, será protagonista absoluta. Este año todos los espectáculos se desarrollarán en un mismo escenario, en el Palacio del Conde Luna.
Como en la primera edición del festival UROGALLO, el programa está organizado por la Concejalía de Cultura, comisariado por la asociación Up against the wall, motherfucker! [UAW/MF] y producido por Producciones Infames. El acceso a todos los recitales será gratuito hasta completar aforo.
Este será el programa:

Viernes 27 de octubre 2017:

20.00 horas.- ‘Ballet Roses’. Performance poética con cine en directo y coreografía, a cargo de Silvia Zayas.
21.00 horas.- Espectáculo sonoro a base de fonemas, melodías y gestos, a cargo del dúo Archipiel (Ainara LeGardon y Álvaro Barriuso).
22.00 horas.- ‘Tirando del hilo’. Espectáculo de tradición oral leonesa pasada por el alambique de la contemporaneidad, a cargo de Rodrigo Martínez, Víctor M. Díez y Guadalupe Díez.
20.00 a 23.00 horas.- Presentaciones teatralizadas de cada uno de los espectáculos, a cargo de Acéfalo Narciso Teatro (Andrea Soto y Manuel AO).

Sábado 28 de octubre 2017:

20.00 horas.- ‘Booking Point’. Espectáculo de improvisación vocal y musical, a cargo de María Radich y María do Mar.
21.00 horas.- Espectáculo de poesía vocal performativa e improvisación musical, a cargo de Cova Villegas y Bartolomé Ferrando.
22.00 horas.- Espectáculo músico-poético de improvisación y composición colectiva, a cargo de Isabel Revilla y la banda ExMáquina.
20.00 a 23.00 horas.- Presentaciones teatralizadas de cada uno de los espectáculos, a cargo de Acéfalo Narciso Teatro (Andrea Soto y Manuel AO).

martes, 13 de junio de 2017

Los restos del naufragio de Nazim Hikmet, UNO DE LOS GRANDES POETAS del s. XX

Los restos del naufragio de Nazim Hikmet | Crónicas desde Europa | Blogs | elmundo.es

Los restos del naufragio de Nazim Hikmet

25MAY201011:03
Como un sol turco, como un náufrago del siglo XX, el poeta Nazim Hikmet escribió y vivió entre la cárcel y Varsovia, Berlín este y Anatolia, Moscú y Estambul. Esa vida errante -ese naufragio- creó un gran legado, que tras su muerte quedó esparcido por los tres mundos de entonces
Muchos de esos restos han sido encontrados ahora en los Urales, los montes sagrados que dividen Europa de Asia y donde han anclado muchas arcas de Noé.
La dueña del legado es Galina Kolesnikova -94 años-, el precio un millón de dólares. Galina y Nazim se conocieron en el sanatorio de Barvija allá por los cincuenta, cuando el poeta emprendió su último exilio al obtener la ciudadanía polaca.
“No creo que estuvieran liados. Ella era su médico, y posiblemente un agente del KGB. Vera (Tulyakova, su última mujer) me dijo que Galina se portó muy mal con Nazim”, explica al diario Hürriyet Melih Günes, amigo de la familia.
Günes ha pedido formalmente al Ministerio de Cultura de Turquía que se haga cargo del legado, y abrir un museo y un centro de estudio de este poeta traducido a 50 idiomas; “Nazim es una herida en la conciencia turca, paguemos nuestra deuda con él”, exige.
El ministro de cultura Ertugrul Günay ha reconocido que no disponen de presupuesto para comprar los objetos, aunque ya ha informado a las autoridades rusas del asunto.
“Ella me enseñó las cajas y todos los objetos tenían marcado el precio. Era triste ver como gran parte del legado estaba amontonado en el jardín. Yo cogí dos pedazos, una foto a color y un documento con su firma. Kolesnikova ha destrozado muchos documentos firmados por él”, asegura Günes, quien sostiene que entre el legado hay varios poemas inéditos.
Galina Kolesnikova vivió 7 años con Nazim, de 1952 a 1959. Lo primero que ha vendido es el coche del poeta, por apenas 600 dólares.
"Uno no siempre hace lo que quiere, pero tiene el derecho de no hacer lo que no quiere", reza su epitafio.









El más bello de los mares
El más bello de los mares
es aquel que no hemos visto.
El más hermoso de nuestros hijos
todavía no ha nacido.
Nuestros días más hermosos
aún no los hemos vivido.
Y lo mejor que tengo que decirte
todavía no te lo he dicho.

En España el poeta más cercano a Hikmet es Antonio Gamoneda y existen varias ediciones en castellano de sus poemas (Adonais 1959, Visor 1973, Batlló 1976, Ediciones de Oriente 2000). No obstante, el turco sigue siendo poco conocido entre el público español.




Escribe Hikmet: "Nieto de un pashá, nací en una familia pudiente. Por lo tanto, siendo aún pequeño había hecho muchos viajes por Anatolia, pero en soberbias carrozas arrastradas por cuatro o seis caballos, con cocheros y sirvientes; Creía conocer mi tierra natal, pero sólo después, caminando, pude enterarme de cómo vivía realmente mi pueblo. Vi a los heridos de guerra tirados a lo largo de los caminos, comprobé el hambre, las enfermedades, las miserias sin fin de mi gente. Y las sufrí yo mismo"
El gran poeta turco nació en 1902 en Salónica, entonces parte del Imperio Otomano. Uno de sus abuelos fue poeta, el otro general; su padre diplomático y director general de prensa, su madre pintora.
Hikmet estudió en el instituto francés de Galatasaray y entró en la escuela naval de Turquía, aunque no llegó a embarcar por su quebrada salud y empezó a ejercer como maestro en Bolu. Impresionado por la revolución rusa se marchó a Moscú a principios de 1921; tenía 19 años y su país estaba sumido en una guerra de supervivencia.
Aprendió ruso y durante cuatro años estudió sociología. En Moscú entró en contacto con los movimientos vanguardistas rusos y conoció a Essenin, Meyerhold, Bagritski y Mayakovsky, haciéndose amigo de este último.
En diciembre de 1924 volvió a Turquía e ingresó en la redacción de la revista “Aydinlik” (claridad). Al mes siguiente la revista fue cerrada por comunista y sus redactores encarcelados. Hikmet escapó a Izmir y vivió un tiempo en la clandestinidad, tras ser condenado a 15 años de prisión decidió huir de nuevo a Rusia, donde creó el teatro-estudio METLA.
Regresó a Turquía en 1928, pero fue detenido en la frontera y pasó 9 meses en la cárcel. A la salida se instaló en Estambul y empezó a trabajar para el diario “Aksam” (Noche) y el “Risimli Ay” (Mensual ilustrado). En 1929 publicó sus primeros poemarios, “835 líneas”, “La Gioconda” y “Si-Ya-U”.
Por entonces conoció a uno de los grandes amores de su vida, Piyaré, de 22 años, con la que se casaría en 1935. Antes, en 1933, fue encarcelado por pertenecer a una organización comunista y en el juicio, celebrado en Bursa, el fiscal reclamó la pena de muerte para el poeta. No obstante, al año salió de la cárcel, gracias a una amnistía promulgada por el X aniversario de la República.
Nazim volvería a prisión en 1938, para cumplir una nueva condena (28 años y cuatro meses) por militancia comunista. En la cárcel de Bursa conocería a dos de los grandes intelectuales turcos de la segunda mitad del siglo XX, Orhan Kemal e Ibrahim Balaban.
Hikmet pasó los siguientes 13 años en prisión, hasta que la presión del Comité Pro-liberación de Nazim Hikmet -organizado por Tristan Tzara y Louis Aragón-, y la llegada al poder del Partido Demócrata, propiciaron su amnistía. Durante su permanencia en prisión contrajo matrimonio con su prima Münnever Andaç y escribió los poemarios “Paisajes humanos de mi país” y “Poemas de las 22-23 horas”.
En 1951 nació su hijo Mehmet y pocos meses después emprendió el exilio definitivo en la Unión Soviética. Murió en una dacha de Moscú en 1963.
Hikmet revolucionó la poesía turca, al introducir el verso libre en una métrica hasta entonces marcada por el estilo persa.



Angina de pecho
La mitad de mi corazón está aquí, doctor,
pero la otra mitad se encuentra en China,
en el ejército que baja hacia el río Amarillo.
Cada mañana,
cada mañana con el alba,
mi corazón es fusilado en Grecia.
Y cuando el sueño rinde a los presos,
cuando se alejan de la enfermería los pasos últimos,
Mi corazón se va, doctor,
se va hacia una vieja casa de madera, allá en Estambul.
Además, doctor, hace más de diez años
que no tengo nada en mis manos
para ofrecer a mis hermanos;
Tan sólo una manzana,
una roja manzana: mi corazón.
Por todas estas cosas, doctor,
Y no por culpa de la arteriosclerosis,
ni de la nicotina, ni de la cárcel,
Tengo esta angina de pecho.
Desde mi cama
contemplo la noche tras de los barrotes.
Y a pesar de todos estos muros
que me aplastan el pecho,
Mi corazón palpita con la estrella más remota.
(Versión de Solinam Salom, Visor, 1973)
 


domingo, 11 de junio de 2017

Akhenaten's Dream In Plato's Mind: Un poema de Schiller

Akhenaten's Dream In Plato's Mind: Un poema de Schiller

Un poema de Schiller

El canto de la campana - Friedrich Schiller






"...el maravilloso Canto de la campana, el más religioso, el más humano y el más lírico de todos los cantos alemanes, y quizá la obra
 maestra de la poesía lírica moderna."
M. Menéndez Pelayo 


DAS LIED VON DER GLÖCKE
Johann Christoph Friedrich von Schiller 



Firmemente fijado en la tierra, tapiado con obra de ladrillo, 
Se alza el molde, de arcilla cocida. 
Hoy nacerá la campana. 
Mozos de la [fundición], ¡rápido, manos a la obra!. 
El sudor ardiente 
Deberá correr por la frente 
Si la obra debe alabar al maestro 
Pero sólo el cielo podrá bendecirla. 

La tarea que vamos a acometer 
Bien merece unas serias palabras. 
Si le acompañan buenas palabras 
El trabajo se hará con más brío. 
Contemplemos ahora con diligencia 
Lo que nuestras débiles fuerzas van a crear: 
Hay que despreciar al mal hombre 
Que nunca ha reflexionado sobre lo que hace, 
Porque lo que adorna al hombre 
Aquello por lo que se le dio la razón 
Es el poder sentir en lo profundo de su corazón 
Lo que hace y crea con sus manos. 

Coged leños hechos con el tronco de una pícea, 
Y procurad que sean bien secos 
Para que la llama, comprimida, 
Penetre en la tobera. 
Cuando el cobre hierva, ya fundido, 
Añadid, raudos, el estaño 
A fin de que el denso caldo 
Fluya como lo requiere la colada. 

Lo que construyan nuestras manos 
Con la ayuda del fuego, en el profundo foso de colada, 
En su estancia en lo alto del campario 
Dará sonora fe de nosotros. 
Y todavía perdurará en días lejanos, por venir, 
Llegando al oído de muchos hombres, 
Afligiéndose con el afligido y 
Uniéndose al coro de los oficios divinos. 
Lo que aquí abajo el voluble destino 
Depare al hombre 
Resonará en la corona de bronce, 
Quien lo propagará para edificación de todos. 

Veo saltar burbujas blancas, 
¡Bien! Las masas de metal ya están fundidas. 
Mezclad ahora con ellas las sales de potasa, 
Que así se acelerará la colada. 
Y de espuma 
Tiene que estar limpia la aleación, 
Para que, siendo puro el metal, 
La voz de la campana resuene clara y plena. 


Porque es con sonido festivo y alegre 
Que ella saluda al recién nacido querido 
En los primeros pasos de su vida 
Que realiza en brazos del sueño. 
En el seno del tiempo, duermen todavía 
Sus destinos, los acíagos y los resplandecientes, 
Mientras los tiernos cuidados del amor de su madre 
Velan su mañana dorada. – 
Los años pasan volando, rápidos como flechas. 
El chico se separa orgullosamente de la niña 
Para precipitarse, impetuosamente, en la vida 
Y varear el mundo con su bastón de caminante 
Regresa, hecho un extraño, a su hogar, 
Para descubrir ante sí, 
Como una criatura celestial, la niña, convertida en joven doncella, 
Maravillosa, en el esplendor de su juventud, 
Con mejillas ruborizadas y recatadas. 
Embarga entonces un anhelo desconocido 
El corazón del muchacho, vaga solo, 
De sus ojos brotan lágrimas y 
Rehúye las filas revoltosas de sus hermanos. 
Ruborizándose sigue los pasos de la chica, 
Se siente feliz cuando ella le saluda. 
Busca lo más hermoso que los campos pueden ofrecerle 
Para adornar con ello su amor. 
¡Oh! Tierno anhelo, dulce esperanza, 
la época dorada del primer amor, 
Cuando el ojo ve ante sí abierto el cielo 
Y el corazón desborda de felicidad. 
¡Oh! ¡Ojalá pudiera verdear siempre 
Esa bella época del amor joven! 


¡Los tubos de ventilación ya se vuelven de color tostado! 
Sumergiré esta vara de hierro, 
Y si sale recubierta de una capa vidriosa, 
Es que habrá llegado el momento de hacer la colada. 
¡Ahora!, mozos, ¡Al tanto! 
Comprobadme la aleación, 
Mirad si lo duro con lo dúctil 
Se ha unido, en buena señal. 


Pues, donde el rigor con la ternura, 
Y lo fuerte con lo débil se hayan unido, 
Ahí habrá un buen sonido. 
Por ello, el que vaya a atarse para siempre, 
¡Que pruebe, antes, si el corazón se aviene al corazón! 
La pasión es corta, el arrepentimiento, largo. 
La guirnalda virginal juguetea 
Con gracia en los rizos de la novia, 
Cuando las campanas de la iglesia, 
Con claro sonido, llaman invitando al esplendor de la fiesta. 
¡Ah! La más hermosa fiesta en la vida de cada uno 
También es la que pone fin a la primavera de nuestras vidas. 
Con el cinturón, con el velo, 
También se rasga la bella ilusión. 
¡La pasión huye, 
El amor debe permanecer! 
Cuando la flor se marchita, 
Le llega al fruto el momento de crecer. 
Al hombre le corresponde salir 
A la vida hostil: 
Debe obrar y luchar 
Y plantar y producir, 
Servirse de ardides y quitar por la fuerza 
Debe osar y apostar 
Si quiere conquistar la felicidad. 
Entonces fluye una abundancia infinita, 
El granero se llena con preciosos bienes, 
Crecen las estancias, se ensancha la casa, 
Y en ella reina 
La recatada ama de casa, 
La madre de los hijos, 
Y gobierna sabiamente 
La casa y a los que en ella moran, 
Instruye a las hijas, 
Y refrena a los chicos. 
No dejan de moverse ni un momento 
Sus manos laboriosas. 
Y con su ordenada mente 
Va multiplicando las ganancias. 
Y llena de tesoros las arcas fragantes 
Y enrolla el hilo alrededor del ronroneante huso, 
Y en el ropero de pulcro acabado va atesorando 
La lana reluciente, el lino inmaculadamente blanco, 
Y da a lo bueno, brillo y esplendor, 
Y nunca descansa. 


Y el padre, con mirada satisfecha, 
Desde la estancia más alta de la casa 
Cuenta y recuenta su suerte floreciente, 
Contempla los postes de madera de sus cercas, irguiéndose derechos, 
Y los llenos recintos de sus pajares y heniles, 
Y los graneros, doblándose bajo el peso de la bendición de los campos 
Y las suaves olas de los trigales, 
Y dice, con palabras llenas de alarde: 
„¡Firme como la tierra, 
Resistente a la desdicha, 
Se alza la magnificencia de mi casa!“ 
Pero con las fuerzas del destino 
No puede alcanzarse un pacto eterno 
Y la desdicha se abate, rauda, sobre él. 


¡Bien! La colada puede empezar: 
La muestra del caldo se ve bellamente dentada; 
Pero antes de hacerle fluir, 
¡Recemos una pía oración! 
¡Destapad, con certero golpe, la piquera! 
¡Que Dios proteja el edificio! 
Humeantes, caen a chorro las olas de fuego pardo 
En el canal de la colada. 

Benéfico es el poder del fuego 
Cuando el hombre lo vigila y domeña. 
Lo que hace, lo que crea 
Se lo debe a esta fuerza divina. 
Pero esta fuerza, regalo del cielo, se hace aterradora, 
Cuando, liberándose de sus cadenas, 
Avanza, la hija libre de la naturaleza, 
Siguiendo sólo sus propias sendas. 
¡Ay del hombre, si, ella, moviéndose a su antojo, 
Y creciendo sin ninguna resistencia, 
Por las callejuelas concurridas 
Va propagando el monstruoso incendio! 
Pues los elementos odian 
Todo lo que la mano del hombre haya creado. 
De las nubes 
Brota la abundancia, 
Cae la lluvia, 
De las nubes, sin elegir a dónde irá, 
¡Cae el rayo! 
¿La oís gemir en lo alto del campanario? 
¡He aquí la tormenta! 
Rojo como la sangre 
Está el cielo, 
¡No es el fulgor del día! 
¡Qué alboroto 
En las calles! 
¡Nubes de vapor se elevan! 
Con llama trémula va ascendiendo la columna de fuego, 
Avanza por la larga calle, 
Creciendo con la fuerza del viento. 
Hirviendo, como si saliera de las fauces de un horno, 
El aire arde, las vigas crujen, 
Caen los postes, vibran las ventanas, 
Lloran los niños, las madres corren de un lado para el otro, 
Y bajo los escombros, 
Gimoteos de animales. 
Todo corre, huye, se pone a salvo, 
La noche se ilumina como el día; 
Llevado por la larga cadena de las manos, 
Que compiten, para ser cada cuál la más rápida, 
Vuela el cubo de agua, y, formando altos arcos, 
Brotan manantiales, chorros de agua. 
Se acerca volando la tormenta, aullando 
Busca la llama rugiente 
Que, crepitante sobre el seco fruto, 
Invade los graneros 
Y la seca madera de las vigas. 
Y la tormenta, como si, con su soplido 
Quisiera llevarse consigo, en su huida poderosa, 
todo el peso con el que carga la tierra, 
Crece, gigantesca, 
Hasta lo alto del cielo. 
Sin esperanza 
Cede el hombre ante la fuerza de los dioses: 
Con impotencia ve, y con estupor, 
Cómo perecen sus obras. 

Devastado por el incendio y abandonado 
Está el lugar, 
Áspero lecho de salvajes tormentas, 
En los desiertos huecos de las ventanas 
Habita el espanto 
Y las nubes del cielo, desde lo alto 
Miran adentro. 


Una última mirada 
A la tumba 
De sus bienes 
Echa el hombre – 
Y después, con ánimo alegre, toma su bastón de caminante. 
Por más que el fuego se lo haya robado todo, 
Un dulce consuelo le queda: 
Cuenta las cabezas de sus seres queridos 
Y, ¡mira!, nadie falta a su recuento. 

En la tierra se ha acogido el metal fundido, 
Felizmente, el molde se ha llenado como debía. 
¿También saldrá bella a la luz, 
Haciendo que hayan valido la pena arte y fatigas? 
¿Y si la colada ha ido mal? 
¿Y si el molde ha reventado? 
¡Ay! Mientras todavía nos agarramos a la esperanza, 
La desdicha, tal vez, ya nos ha golpeado. 

Al oscuro seno de la tierra sagrada 
Confiamos la obra de nuestras manos, 
Confía el labrador su semilla 
Esperando que germine 
En mies bendita, según los designios del Cielo. 
Una semilla aún más preciosa guardamos 
Con duelo y llanto en el seno de la tierra, 
Esperando que, levantándose de los ataúdes, 
Florezca a un destino más hermoso. 

Desde la catedral, 
Con toques pausados, llenos de inquietud, 
Tañe la campana 
Un canto fúnebre. 
Sus toques luctuosos acompañan, con gravedad, 
A un peregrino en su último viaje. 

¡Ay! Es la esposa, la amada, 
¡Ay! Es la madre fiel, 
A quien el negro príncipe de las sombras 
Aparta de los brazos de su esposo, 
Del tierno grupo de los hijos 
Que ella le dio en la flor de sus años, 
A los que vio crecer, junto a su pecho fiel, 
Con satisfacción de madre – 
¡Ay! Los tiernos lazos que unían la casa 
Se han roto para siempre jamás, 
Pues ella, la que fuera la madre de la casa, 
Mora ahora en el país de las sombras, 
Pues falta su fiel gobierno 
Ni vela por ellos su preocupación solícita. 
En este lugar huérfano reinará 
La extraña, vacía de amor. 

Hasta que la campana se haya enfriado 
Dejad reposar el duro trabajo. 
Como el pájaro en el follaje, 
Así se divierta cada uno. 
A la luz titileante de las estrellas 
Libre ya de cualesquiera deberes, 
El mozo escucha tocar a vísperas, 
Pero el maestro tendrá que proseguir con el duro trabajo. 

A lo lejos, en la agreste foresta, el caminante 
Aprieta con viveza el paso 
Camino de su querida cabaña natal. 
Balando regresan 
Las ovejas al establo 
Y las manadas de vacas, 
De ancha frente y pelo lustroso, 
Llegan mugiendo, 
Al sentir, cercanos ya, sus acostumbrados establos. 
Cargado de grano, 
Traqueteando pesadamente, 
Entra el carro en el granero; 
Sobre los haces de espigas, 
Descansa la guirnalda 
De flores multicolores, 
Y los jóvenes segadores 
Corren al baile. 
Se van apaciguando calle y mercado, 
Y los moradores de la casa 
Se reúnen alrededor de la cálida llama de la luz, 
Mientras las puertas de la ciudad se cierran chirriando. 

La tierra se 
Cubre de negro, 
Pero al seguro ciudadano no le espanta 
La noche 
Que despierta al horrible malhechor 
Porque el ojo de la ley está vigilante. 

Orden sagrado, benéfico 
Hijo del cielo, que une lo igual 
Con alegría, ligereza y libertad, 
Que inició la construcción de las ciudades 
A las que luego llamó a los salvajes insociables 
Que moraban en los campos incultos, 
Y entrando en las cabañas de los hombres 
Les avezó a costumbres apacibles 
Y tejió el más precioso de los lazos: 
La necesidad de tener una patria. 

Mil manos laboriosas se mueven activas, 
Se ayudan mutuamente en alegre unión 
Y en este ajetreo fogoso 
Se hacen manifiestas todas las fuerzas desplegadas. 
Bregan maestro y mozo 
Bajo la sagrada protección de la libertad. 
Cada uno está contento con su sitio 
Y se enfrenta al faccioso que tal cosa desprecia. 
El trabajo adorna al ciudadano 
Y la prosperidad es la recompensa de su esfuerzo, 
Si al rey le honra su dignidad 
A nosotros nos honra la laboriosidad de nuestra manos. 


Paz preciosa, 
Dulce concordia, 
¡Quedaos, quedaos 
Amigablemente sobre esta ciudad! 
¡Que nunca llegue el día 
En el que las hordas de la guerra feroz 
Recorran desenfrenadas este apacible valle, 
En el que el cielo 
Al que pinta encantadoramente 
El suave rojo del atardecer 
Refleje con espanto el salvaje incendio 
De pueblos y ciudades! 

Rompedme ahora este envoltorio, 
Ha cumplido con su propósito, 
Para que ojo y corazón puedan regalarse 
Con la perfección de esta obra. 
Golpead, golpead con el martillo 
Hasta que estalle la capa del molde: 
Para que la campana resurja a la vida 
Debe romperse en añicos el molde. 

El maestro sabrá romper el molde 
A su debido tiempo, con avezada mano, 
Pero, ¡Ay si el metal fundido 
Se libera a sí mismo en torrentes ardientes! 
Ciego de furia, con el estruendo del trueno, 
Revienta el edificio hendido, 
Y como si surgiera de las fauces abiertas del infierno 
Escupe destrucción e incendio. 
Doquiera que reine sin sentido la fuerza bruta 
No podrá formarse ninguna estructura: 
El bien común no puede prosperar 
Cuando los pueblos se liberan a sí mismos. 

¡Ay, si en el seno de las ciudades 
En silencio se ha ido acumulando la yesca, 
Y el pueblo, rompiendo sus cadenas, 
Recurre, con espanto, a las armas para ayudarse a sí mismo! 
Es entonces cuando la revuelta, tirando de las cuerdas de la campana, 
Resuena aullando, 
Y, bendecida únicamente para dar de sí sones de paz, 
Entona la consigna de la violencia. 

¡Libertad! ¡Igualdad! se oye resonar, 
El apacible ciudadano corre a las armas, 
Las calles se llenan, y los edificios públicos, 
Rondan sin rumbo bandas de asesinos, 
Y las mujeres se convierten en hienas 
Y se divierten con el horror, 
Y desgarran con dientes de pantera, 
Aún palpitante, el corazón del enemigo. 
Ya no hay nada sagrado, se rompen 
Todos los lazos impuestos por el temor reverencial, 
El bueno cede su sitio al malvado, 
Y todos los vicios imperan a sus anchas. 

Despertar al león es peligroso, 
Mortífero es el diente del tigre, 
Pero el más horrible de los horrores 
Es el hombre en su locura. 
¡Ay de aquellos que presten al irremediablemente ciego 
La antorcha celestial de la luz! 
Porque ella no le va a iluminar, sólo podrá prender fuego 
Y convertirá en cenizas ciudades y países. 

¡Dios me ha dado la alegría! 
¡Mirad! Cual astro dorado, 
De su vaina de arcilla, liso y reluciente, 
Se va pelando el corazón de metal. 
Desde la corona hasta su boca 
Brilla como los rayos del sol, 
También los pulcros rótulos de los blasones 
Alaban al experto artífice. 


¡Entrad!, ¡Entrad! 
Mozos todos, cerrad el corro, 
Para bendecir, al tiempo que la bautizamos, a la campana: 
Concordia sea su nombre, 
Y que[, a su son,] la comunidad se reúna, llena de amor, 
En la concordia y la comunión de los corazones. 

¡Que éste sea, de hoy en adelante, su oficio, 
Para el que la ha creado el maestro! 
Que la vecina del trueno flote 
En la azul bóveda celeste, 
Elevándose, alta, por encima de la baja vida terrestre, 
A tocar del mundo de las estrellas, 
Sea ella una voz que resuene desde lo alto, 
Como la hueste reluciente de los astros 
Que alaban, en su carrera, a su creador 
Y dirigen el año coronado. 
Que su boca de metal se dedique 
Sólo a lo eterno y serio. 
Y que a cada hora, con sus rápidas alas, 
Toque fugazmente el tiempo. 
Preste su boca al destino 
Y ella misma sin compasión, sin corazón, 
Acompañe con su vaivén 
Las variadas vicisitudes de la vida. 
Y del mismo modo que el sonido se va apagando en el oído 
Después de resonar poderosamente desde su boca, 
Así enseñe que nada permanece, 
Y que todo lo terrenal se desvanece. 

Ahora, con la fuerza de la soga, 
Sacádmela de su fosa, 
Para que se eleve hasta el reino del sonido, 
Hasta el aire del cielo. 
¡Tirad! ¡Tirad! ¡Levantadla! 
Ya se mueve, ya flota: 
Signifique alegría para esta ciudad, 
Paz sea su primer tañido. 



Ludwig Richter - Das Lied von der Glöcke



Tarragona, enero 2005 



Edición:

→ Schillers Werke. Nationalausgabe. Zweiter Band. Teil I: Gedichte in der Reihenfolge ihres Erscheinens (1799-1805) - der geplanten Ausgabe letzter Hand (Prachtausgabe) - aus dem Nachlaß (TEXT). Herausgegeben von Norbert Oellers. Weimar: Hermann Böhlaus Nachfolger, 1983. Pàgines 227-239.


Traductores:

Versos 1-146: → Serap Ermiş, Nora Heidemann, Frances Plówka, y Gemma Rovira Gili.

Versos 147-310: → Alexandra Álvarez Podio, Marko Bliesener y Julia Dorn.

Versos 311-426: → Katharina Busemann, Daniela Lippert y Maria Elena Pàmies i Arribas.

Corrección de la traducción: → Macià Riutort i Riutort.


Ilustraciones: Das Lied von der Glöcke, Ernst E. Oehme