martes, 5 de noviembre de 2013

MARIANO DURAN, POEMA

TRES POEMAS

PISADAS DE PALOMA EN EL CEMENTO
                                                                             Mariano Durán, Diciembre-2012
Pisadas de paloma en el cemento:

En la quietud sin luces del Cantón de Molíns,

Años y días mis ojos os contemplan,

Ajenas a este mundo, incrustadas, más vuestras,

Entre el aire y la muerte, como en espejo blando.

Lo blando, huellas, derogado está ahora.

Implicado, os contemplo y la mezcla percibo

De vertical premura y de representación,

Oh cifras de un pasado en zozobra tan tierno,

Fuera del aire nuestro vuestro hálito expandido.

Mudas como palomas que en paloma se viven

-La muerte es a la especie lo que el sueño al individuo-,

Os velan estas aguas de alfabeto coagulado

Que operan como espejo de vuestra eternidad.

Y pienso: ¿en qué cemento

Se grabará mi nombre?

¿Existe esa matriz de eternidad que destinada

-Qué sé si sabiamente- a mí me otorgue

(Tal como el sueño, que a lo nuestro torna

Espacio de un reverso para ajena existencia)

Ese arrebato, de dolor nacido,

Ese fervor doliente de anclaje en lo perplejo

Que causa un no existir, tal como esa paloma cuando existe en la paloma

Y ocurre que lo alado aspira ahora a echar raíces

Y un pasado aparente le deforma sus alas

(Cuando en la orilla viva,

Negaba a su pasado su infinito presente):

Y por eso no sabe, aunque sabe que es?¿Quién controla esas puertas?

¿Quién abre esa sonrisa?

Y, adiós cuajado en huella, ¿debo anhelar tu vida?

¿Podría seducirme tu mundo de trasmundo?

¿Tu deambular eterno en lo eterno y colectivo?

A mí, al que nunca busca y las cosas se le ofrecen

(Nimbadas casi siempre de fervor y dolor),

Y así funda sus días y así absorbe sus noches.

(A veces, en el mundo del reverso del cuerpo,

Extinto el mundo, cuando el mundo está suelto,

Es un dormir esa absorción de materiales

En las esquinas tenues de una noche no vivida.)

Venid, pasiones mías, a escoger en consonancia.

Amago sois de una rama

Del árbol múltiple en eternidades, según creo.

La del ave entre ellas.

He aquí su condición: este cambio

Exhibe el paso de lo vivo a lo eterno:

Las cosas del eterno ocupan

Extraña dimensión, sus impresiones

Golpean un instante como notas inconexas

De una medio olvidada celestial melodía.

Ahora sin recuerdos, o, si acaso, como mucho

Una perdida brisa intermitente

Que poco o nada altera con su acción repentina.

(Exenta la tristeza. Apenas queda

Qué conservar o asir. Tal es su viento.

Así es el viento de ese eterno inmensurable y no vivo.)

Indiferente al tiempo,

La eternidad del ave.

En esa lejanía

El arco del olvido ha disparado su flechaY el pájaro incesante

Es persistencia nula.

Aquí tú no eres más que persistencia intermitente;

Un acto improvisado, deslucido;

Una oportunidad que no has sabido aprovechar.

Tú, falto de ambición, que en la mitad del partido

Te paras de repente (es el partido de tu vida)

Y dejas de seguir la pelota lanzada.

¡Cuando el juez sublime

No vio fuera de juego!

Por eso muchos vivos

A veces anhelamos una eternidad de ave,

Que el arco del olvido nos apunte con su flecha,

La ausencia de impresiones, el vuelo desistido...

Por expurgar lo triste,

Damos nuestra ganancia a la pérdida, al olvido.

Así, nos pretendemos despegados:

Exentos de agonía y de ruido.

Somos nosotros: aquellos

Para los que lo triste es el tener recuerdos tristes,

Cuando en verdad lo triste es no tener recuerdos