domingo, 10 de mayo de 2015

Versos de barro y muerte | Babelia

Versos de barro y muerte | Babelia | EL PAÍS

Versos de barro y muerte

 26 MAY 2014 




Destacamento de trabajo del Regimiento de Manchester del Ejército británico en Ancre (Serre, Francia) en marzo de 1917 / THE ART ARCHIVE / IMPERIAL WAR MUSEUM
Cualquier mañana de un 11 de noviembre en Londres es inolvidable. La mayoría de las personas, sin importar su edad, credo, nacionalidad o color de piel, salen a la calle con una flor roja en la solapa. Si alguno no la tiene o se le ha olvidado, ya habrá alguna organización caritativa que le dé una a cambio de donar unos pocos peniques o una libra. La pequeña amapola conmemora el armisticio de la I Guerra Mundial y la sangre derramada por muchos jóvenes británicos y de otras partes del mundo, cuya prematura muerte privó a la humanidad de talentos en las artes y las ciencias. También simboliza la vida que emerge en medio de la devastación de una guerra, la belleza que se impone al horror. Así lo vieron los soldados en la primavera de 1915 en los campos de batalla de Bélgica y así lo retrató una generación de imberbes poetas que pereció en las trincheras o sobrevivió solo para recordar el horror.
La idea de usar la bella amapola roja como símbolo de los caídos fue de Moina Belle Michael, una secretaria de la oficina central de la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA) en Nueva York. Unos días antes del armisticio del 11 de noviembre de 1918, Moina leyó en una revista el poema We shall no sleep (No podremos dormir), más conocido por el título In Flanders fields (En los campos de Flandes),del oficial médico canadiense John McCrae, fallecido a principios de ese último año de contienda a causa de una neumonía. Tenía 45 años. Ese día, el 9 de noviembre, se celebró una conferencia en el YMCA, y Moina, inspirada por el poema, corrió a una tienda a comprar amapolas para repartir entre los asistentes y consiguió una veintena de flores artificiales hechas de seda en una gran tienda llamada Wanamaker’s (hoy Macy’s). En su autobiografía, tituladaThe miracle flower (La flor milagrosa), Moina Michael relata todos sus esfuerzos para convertir la amapola en el símbolo de los caídos. Su campaña en EE UU fue secundada en Europa por la francesa Anna Guérin, también secretaria del YMCA, que organizó las primeras ventas de flores para recaudar fondos para las viudas y huérfanos de los muertos en los más de cuatro años de guerra.
In Flanders fields, escrito en los primeros días de mayo de 1915, en medio de la segunda batalla de Ypres, tiene hoy la misma fuerza desgarradora que hace casi un siglo. Sus versos están entre los más representativos de un conjunto de poemas escritos por los jóvenes soldados que perdieron lo que les quedaba de inocencia y la vida entre el barro, el ruido, las ratas, los piojos y el hambre en los campos de batalla de Europa. Muchos se habían enrolado en la poesía georgiana antes de la contienda, otros eclosionaron y se apagaron en las trincheras. La mayoría escribe unos primeros versos henchidos de patriotismo e idealismo para luego reflejar el dolor y la podredumbre de la guerra de la forma más descarnada, desde la primera línea del frente y tras presenciar las espantosas muertes de sus camaradas y amigos a manos de las nuevas máquinas de guerra nacidas al albor de la revolución industrial y de las armas químicas. Había nacido la poesía antibélica moderna.
El poeta más significativo de todo este grupo por su ritmo, su profundidad y su técnica es Wilfred Owen. Se enrola en octubre de 1915 y muere en batalla apenas una semana antes de la firma del armisticio. Su poesía comienza a tratar los mismos temas que los demás: el horror, la agonía, la muerte con dolor. Pero muy pronto pasa de la descripción de la violencia a meditar sobre ella, a denunciar que una valiosa juventud estaba siendo sacrificada inútilmente. Tengo una cita con la muerte (Linteo, 2011), una antología bilingüe de poetas que perdieron la vida en la I Guerra Mundial, arranca con una cita de Owen: “Sobre todo no estoy preocupado por la poesía. Me ocupo de la guerra, y de la pena de la guerra. La poesía está en la pena”.
Owen escribió la mayoría de sus mejores poemas en un plazo de apenas dos meses en 1917 en un pequeño cuarto alquilado de una casita de campo próxima a un campo de entrenamiento militar en Ripon, en North Yorkshire. Fue después de pasar unos meses en el hospital Claiglockhart, cerca de Edimburgo, donde se recuperó de las heridas sufridas en el frente. Allí conoció a Sigfried Sassoon, y ese encuentro, según los estudiosos, fue clave en el cambio de rumbo que tomó la poesía de Owen. Hasta ese agosto de 1917, Owen había acumulado no pocas experiencias traumáticas en el frente francés, pero sus textos hasta entonces indican que creía que la guerra debía seguir librándose. Sassoon, en cambio, estaba ya comprometido con el pacifismo y asqueado con el cinismo de los políticos. En julio de 1917, en un comunicado muy subido de tono para un oficial británico, Sassoon critica abiertamente la “prolongación injustificada de la guerra” y opina que la contienda ya no era para “defender ni liberar nada”, sino un acto “de agresión y conquista”. En vez de ser sometido a un consejo de guerra por insubordinación, Sassoon fue internado en Claiglockhart y retenido allí para acallarlo con la excusa de interminables tratamientos contra los traumas del frente bélico.
Sassoon nunca fue más allá de los versos de protesta y, en cierto modo, lo reconoció en un poema llamado Testament (Testamento):“Oh mi corazón, cálmate; has agotado el llanto; has hecho tu papel”. Owen, aunque descarnado en sus versos, no llegó a comulgar con el pacifismo como Sassoon. El poeta de Oswestry (Shropshire) es profundamente patriótico y cristiano, y en sus versos no sólo describe el horror del combate, sino que reflexiona sobre el atropello de los valores que representan al héroe y el heroísmo. La I Guerra Mundial desfigura el concepto de héroe tradicional del que se nutre la literatura épica durante siglos. La fe en el ideal noble y la causa justa, la generosidad hacia el vencido, el reconocimiento de la superioridad del adversario; todo se derrumba ante la frialdad de las máquinas de guerra y el asesinato calculado y en masa. Owen da cuenta de la falta de espiritualidad en los campos de batalla en su poema Anthem for doomed youth (Himno a la juventud condenada): “¿Qué toque de difuntos para los que se mueren como reses?”.
El poema ‘En los campos de Flandes’, de 1915, inspiró el uso universal de la amapola para recordar a los caídos
Owen no solo es único porque relaciona como nadie la poesía y la guerra, sino porque sólo él fue capaz de escribir unos versos que describen el “encuentro” en el inframundo de un soldado con el enemigo al que había dado muerte la jornada anterior. En Strange meeting (Extraño encuentro), el poeta habla, escucha y aprende del militar alemán, que se convierte en un “amigo” en la muerte. Es uno de los poemas más inquietantes y complejos de Owen y uno de los más profundamente humanos de los redactados en la pequeña casa de Ripon, cuando el poeta ya sabe que en breve volverá a Francia con su regimiento de Manchester.
El 4 de noviembre de 1918, Owen muere abatido por los alemanes al intentar cruzar un canal en la localidad de Ors. Seis meses antes, a unos cien kilómetros de allí, el Frente Occidental se había cobrado la vida de otro gran poeta, Isaac Rosenberg. Nacido en el seno de una familia judía humilde de Bristol, fue uno de los pocos poetas que eran soldados rasos. No gozó de los privilegios de los oficiales y permaneció en el frente durante 21 meses con un breve periodo de permiso. El crítico y poeta Jon Silkin fue un ferviente defensor de Rosenberg como el verdadero gran juglar de la I Guerra Mundial.Break of day in the trenches (El romper del día en las trincheras),compuesto en plena batalla del Somme, es un ejemplo de la vívida e imaginativa poesía de Rosenberg, que aunque describe el horror de la trinchera como Owen, lo hace de una forma más impersonal y hasta con cierto desdén.
Quienes elogian el arte de Rosenberg por encima del de los demás poetas suelen argüir que él representa mejor que nadie el cambio que supuso el reclutamiento masivo del hombre corriente para librar una guerra. Hasta 1914, las grandes potencias de la época, y sobre todo Reino Unido, contaban con un ejército profesional para defender sus intereses lejos de sus fronteras. A lo sumo echaban mano de milicias locales afines, que solían ser la carne de cañón en las batallas. En la I Guerra Mundial, este desgraciado lugar en la primera línea de fuego fue ocupado por una tropa de obreros, comerciantes, oficinistas, desempleados y estudiantes impresionados por un espíritu patriótico avasallador. La mayoría de ellos no habían empuñado un arma en su vida y en poco tiempo fueron enviados al frente.
Para los editores de la colección de poemas Tengo una cita con lamuerte, Borja Aguiló y Ben Clark, la “verdadera poesía fruto de la Gran Guerra” es posterior a la batalla del Somme, una de las más largas de la contienda, que arranca el 1 de julio de 1916 y se prolonga hasta noviembre de ese mismo año. Es la más sangrienta en la historia del Ejército británico: sólo en el primer día de batalla mueren 20.000 británicos y al final de la misma son más de 400.000, incluyendo los soldados de otros países de la Commonwealth. “Es fascinante comprobar”, dicen los editores, “el cambio de tono y estilo que sufrieron algunos poetas”. Aguiló y Clark citan el ejemplo de William Hogson, que en agosto de 1914 escribe los heroicos versos deEngland to her sons (Inglaterra a sus hijos) y que durante la ofensiva del Somme, dos días antes de morir, compone Before action (Antes de entrar en la batalla): “Por todos los placeres que voy a perderme, ayúdame, Señor, ayúdame a morir”.
Catherine Reilly, una reconocida bibliógrafa británica, registró 2.225 escritores británicos que vivieron la experiencia de la I Guerra Mundial y escribieron sobre ella. Un cuarto de esa cifra eran mujeres: Vera Brittain, Eleanor Farjeon, Margaret Postgate Cole, Rose Macaulay, Charlotte Mew, May Sinclair, Edith Sitwell o Mary Webb, entre otras. Reilly las reunió en una célebre antología publicada en 1984: Scars upon my heart: Women’s poetry and verse of the First World War. Memorable es el poema Perhaps (Tal vez), que Brittain escribió para su novio Roland Leighton, muerto en el Frente Occidental en 1915. Leighton era el amigo de la niñez del hermano favorito de Vera, Edward, que fue abatido en el frente austro-húngaro en junio de 1918. Más o menos por la época en que Brittain escribió Perhaps, Postgate Cole redactó su célebre The falling leaves (Las hojas muertas). Postgate Cole era una convencida pacifista, feminista y socialista; y criticó la guerra y a los Gobiernos que la justificaron desde el estallido. En cambio, Brittain, como muchas de las poetisas de la Gran Guerra, empezó la guerra con la idea de que la contienda era necesaria y acabó como una ferviente opositora. Los trabajos más reconocidos de las mujeres aparecieron tras el armisticio de 1918 y reflejaron sobre todo el dolor de las vidas perdidas y la soledad de los que a su regreso no lograron rehacer sus vidas.
La poesía de la I Guerra Mundial, pese a su intensidad y calidad literaria, tardó años en ser debidamente reconocida por la crítica. La primera gran antología de poetas-soldados que vivieron la guerra de primera mano no llegó hasta 1964, cuando Brian Gardner publicóUp the line to death (Avanzando en el frente hasta la muerte), un hito de este género. Desde Brooke, Sassoon u Owen hasta otros escritores casi olvidados hasta ese momento, la obra incluye a 72 poetas, de los que más de 20 habían muerto en los campos de batalla. El trabajo de Gardner es el primero en transportar al lector desde el júbilo de los primeros días de la contienda hasta la amarga decepción antes del suspiro final.

miércoles, 6 de mayo de 2015

EL ORADOR (1928), por GOMEZ DE LA SERNA





Fecha final rodaje 00/00/1928
Sinopsis El escritor Ramón Gómez de la Serrna hilvana un monólogo humorístico sobre el monóculo sin cristal, los ruidos del corral y la importancia de la mano en el arte de la oratoria. 
Notas Diversas fuentes atribuyen la paternidad de esta peliculita al propio Ramon Gomez de la Serna o a Ernesto Gimenez Caballero.

domingo, 3 de mayo de 2015

“Diario de la tribu” y “Errante”, nuevas propuestas creativas de Álvarez Romero

“Diario de la tribu” y “Errante”, nuevas propuestas creativas de Álvarez Romero - Ferrol - Diario de Ferrol

El creador –derecha– durante el acto de ayer en el Ateneo jorge meis

El creador –derecha– durante el acto de ayer en el Ateneo jorge meis


El artista sevillano afincado en Narón Juan Manuel Álvarez Romero presentó ayer en el Ateneo Ferrolán dos propuestas, plástica y poética, reflejo de la intensa creatividad que experimenta en la actualidad.
Así, bajo el título de  “Diario de la tribu” inauguró una exposición de dibujos y figuras realizadas a partir del imaginario mundo literario y la influencia narrativa de Dante, Carlos Fuentes, Octavio Paz o Gabriel García Márquez, entre otros, y en sus palabras “la condición humana como fuente de inspiración”. Una muestra que podrá verse hasta el próximo 31 de mayo.
nómada
Asimismo, y con presentación de la poeta cántabra Cristina Fernández Sáinz-Maza, Juan Manuel Álvarez Romero aprovechó para dar a conocer en el Ateneo su tercer poemario, “Errante” (De la Maza), que forma parte, en este caso, “del recorrido nómada que todos realizamos a lo largo de nuestras vidas, y que conforma una antología de poemas elaborados en un trayecto vital”.
Incansable, sin darnos respiro, sin que la borrasca que nos gobierna lo impida, todo lo contrario, este sureño melancolico y apasionado, nos pone ante los ojos sus magnificas Y POÉTICAS composiciones pictoricas, que para mi, sin duda alguna, encierran una sabiduria que nos pone en contacto con las claves fijadas en la tierra, en las piedras, en las temblorosas y tercas pictografias que desde el origen nos orientan en la vida, hacia la buena muerte, LOS SAGRADOS TRAZOS DE LA CANCIÓN.
Grazas, amigo Juan Manuel Alvarez Romero.
Y la presentación fue acompañada por la lectura de sus poemas, sencillos y verdaderos, y así la ocasión de vernos los amigos bajo la brisa de la imagiacion emocionada.

viernes, 1 de mayo de 2015

ONIROKITSCH, 1925.

ONIROKITSCH, 1925.

glosa sobre el surrealismo [publicado en “Walter Benjamin y el surrealismo”]

Walter Benjamin




Ya no se sueña con la flor azul. Quien hoy despierte como Enrique de Ofterdingen debe
haberse quedado dormido. La historia del sueño aún está por escribirse, y abrir una
perspectiva en ella significaría asestar un golpe decisivo a la superstición de su
encadenamiento a la naturaleza mediante la iluminación histórica. El soñar participa de la
historia. La estadística de los sueños penetrará, más allá de la amenidad del paisaje
anecdótico, en la aridez de un campo de batalla. Los sueños han ordenado guerra y la
guerra ha dispuesto, desde tiempos primitivos, lo justo y lo injusto, e incluso las fronteras
mismas del sueño.
El sueño ya no abre una azul lejanía. Se ha vuelto gris. La gris capa de polvo sobre las
cosas es su mejor componente. Los sueños son ahora un camino directo a la banalidad. De
una vez para siempre, la técnica revoca la imagen externa de las cosas, como billetes de
banco que han perdido vigencia. Ahora la mano se aferra a esta imagen una vez más en el
sueño y acaricia sus contornos familiares a modo de despedida. Toma los objetos por el
lugar más común. Que no es siempre el más adecuado: los niños no estrechan un vaso,
meten la mano adentro. ¿Y qué lado ofrece la cosa al sueño? ¿Cuál es el lugar más común?
Es el lado desteñido por el hábito y adornado baratamente de frases hechas. El lado que la
cosa ofrece al sueño es el kitsch.
Con estrépito caen al suelo las imágenes fantásticas de las cosas como páginas de un libro
de estampas leporello1 titulado ʺEl sueñoʺ. Al pie de cada página se encuentran las
sentencias:
ʺMa plus belle maîtresse cʹest la paresseʺ, ʺUne médaille vernie pour le plus grand ennuiʺ, ʺDans
le corridor il y a quelquʹun qui me veut à la mortʺ2 Los surrealistas han escrito estos versos y
sus artistas amigos han ilustrado el libro de estampas. Répétitions ha llamado Paul Éluard a
uno sobre cuya portada Max Ernst ha dibujado cuatro niños. Éstos dan la espalda al lector,
al profesor y a la cátedra, y miran sobre una balaustrada hacia afuera, donde en el aire hay
un globo. Con su punta se mece sobre la baranda un lápiz gigantesco. La repetición de la
experiencia infantil da que pensar: cuando éramos chicos, no existía la angustiante

1 Leporello: la disposición en forma de acordeón de un libro de estampas.
2 “Mi amante de gran belleza es la pereza”. “Una medalla de porcelana para la mayor desgana”.
“Alguien en el corredor me desea la muerte con rencor”.
www.philosophia.cl / Escuela de Filosofía Universidad ARCIS.
- 2 -
protesta contra el mundo de nuestros padres. Cuando niños en eso nos mostrábamos
superiores. Con lo banal, al abrazarlo, abrazábamos lo bueno, que se halla, mira, tan cerca.3
Pues la sentimentalidad que nuestros padres a veces destilan es precisamente buena para
forjar la imagen más objetiva de nuestra manera de sentir. Lo difuso de sus palabras se
contrae para nosotros de manera amarga como la hiel en una crispada figura enigmática;
el ornamento de la conversación llega a estar lleno de íntimos entrelazamientos. Allí hay
empatía de las almas, amor, kitsch. ʺEl surrealismo se ha dedicado a restablecer el diálogo
en su verdad esencial. Los interlocutores son liberados de la obligación de la cortesía.
Quien habla no va a deducir una tesis. En cuanto a la respuesta, ella no repara por
principio en el amor propio del que ha hablado. Las palabras y las imágenes no sirven al
espíritu del que escucha más que como un trampolín.ʺ Bella noción del manifiesto
surrealista de Breton. Plasma la fórmula del malentendido dialógico, es decir de lo que
está vivo en el diálogo. Pues ʺmalentendidoʺ se llama el ritmo con el cual la única
verdadera realidad se abre paso en la conversación. Cuanto más verdaderamente sabe
hablar un hombre, tanto más felizmente se lo malentiende.
En Vague de rêves cuenta Louis Aragon cómo se propagó en París la manía de soñar. Los
jóvenes creían haber descubierto el secreto de la poesía, cuando en realidad no hacían otra
cosa que abolirla, a la par que las fuerzas más intensas de la época. Saint-Pol Roux
colocaba antes de irse a dormir por la mañana temprano un cartel en su puerta: ʺLe poéte
travailleʺ.
4 Todo esto para penetrar en el corazón de las cosas obsoletas. Un oculto
Guillermo Tell surgiendo de las entrañas del bosque para poder descifrar los contornos de
la banalidad como una imagen anamórfica, o para responder a la pregunta: ʺ¿Dónde está
la doncella?ʺ. La anamorfosis como esquematismo del trabajo onírico fue descubierta hace
tiempo por el psicoanálisis. Los surrealistas con seguridad están menos sobre la huella del
alma que sobre la de las cosas. En el matorral de la prehistoria buscan el árbol totémico de
los objetos. La suprema mueca de este árbol totémico, la última de todas, es el kitsch. Éste
es la última máscara de banalidad con que nos recubrimos en el sueño y en la
conversación para absorber la energía del extinguido mundo de las cosas.
Lo que llamábamos arte sólo comienza a dos metros del cuerpo. Pero ahora, en el kitsch, el
mundo de las cosas vuelve a acercarse al hombre; se deja agarrar en un puño y conforma
al fin en su interior su propia figura. El hombre nuevo tiene en sí la completa
quintaesencia de las viejas formas, y lo que se con-figura en la confrontación con el
ambiente de la segunda mitad del siglo XIX, este artista tanto de los sueños como de la
palabra y la imagen, es un ser que podría llamarse ʺhombre amobladoʺ.

3 Variante del proverbio: Warum in die ferne schwifen, sieh, das Gutte liegts so nah? [¿Para qué
perdernos en la lejanía, cuando lo bueno. mira, está tan cerca?].
4 “El poeta trabaja”.

viernes, 17 de abril de 2015

15 poetas del Noroeste y una poeta mexicana recitarán en “Le Pasquín poético” de León |

El cartel es obra del artista plástico Juan Rafael, quien el día 28 realizará una tirada de nueve ejemplares, distintos y personalizados, sobre papel reciclado a mano.




15 poetas del Noroeste y una poeta mexicana recitarán en “Le Pasquín poético” de León | Tam-Tam Press

La propuesta de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de León ha sido sugerente: invitar a siete poetas leoneses para que, a su vez, invitasen a otros tantos poetas foráneos para recitar, en dúos, en distintos establecimientos y cafés de la ciudad. Al programa se han unido algunos artistas escénicos y un artista plástico. “Le Pasquín poético” arrancará en León, en su segunda edición, el próximo 28 de abril, y las nueve veladas previstas se sucederán, semana a semana, hasta el 19 de junio, haciendo de la poesía un lugar de encuentro que busca tender puentes e interactuar con otras artes.
En total serán 16 los poetas que recitarán este año en el “pasquín”, que se abrirá el lunes 27 de abril, enEl Gran Café de León, con un “Tendedero poético” a cargo de la actriz y poeta mexicana Angeles Rodríguez.
Al día siguiente, martes 28 de abril, recitarán en el café Ágora el poeta asturiano Fernando Beltrán y el leonés Juan Campal, en un acto en el que el artista plástico Juan Rafael (alias Rafa Murciego) realizará una intervención pictórica en directo, personalizando los distintos carteles del programa.
El “pasquín” continuará el 8 de mayo en el bar El Cardo con un recital del poeta vasco Juan Carlos G. Hoyuelos y la leonesa Ana Del Río. El 12 de mayo, en el café El Mercado, intervendrán los poetas leoneses Marta Muñiz y Felipe J. Piñeiro, y habrá un pequeño espectáculo a cargo de La Tremolina Teatro.
El 15 de mayo, en El Cafelito, recitarán el joven poeta gallego Gonzalo Hermo y la leonesa Silvia Abad, acompañados por un espectáculo músico-teatral por parte de Gritsanda. Una semana después, el 22 de mayo, les tocará el turno a la poeta gallega María Do Cebreiro y a la leonesa Eloísa Otero, en una sesión en la galería Ármaga que contará con una intervención de teatro sensorial a cargo de Sara Lostum, titulada “A punto de plumas”.
En junio habrá otros tres recitales más. El primero, el día 5 en el Café Ristán (Hotel Quindós) contará con la poeta gallega Olalla Cociña Lozano y el leonés Ildefonso Rodríguez, acompañados por el bailarínÁngel Zotes. El 12 de junio, también en el Café Ristán, actuará la compañía circense La Pequeña Victoria Cen con Jorge Carbalho Branco (alias del poeta leonés Jorge Pascual). El “pasquín” se cerrará el 19 de junio en el Four Lions Brewery con un recital del poeta vasco Hasier Larretxea y el leonés Rafael Saravia.
En total recitarán 16 poetas del Noroeste español —tres son gallegos, dos vascos, uno asturiano, nueve leoneses y una más es mexicana afincada en León—.
Todas las actividades son gratuitas y comenzarán a las nueve de la noche, excepto la del 19 de junio que empezará un poco antes, a las 20.15 horas.
Presentación de "Le Pasquín" poético en León. De izquierda a derecha: Sara Lostum, Alfredo Escapa, Eloísa Otero, el concejal de Cultura Juan Pablo García Valadés, Angeles Rodríguez, Juan Rafael, Ildefonso Rodríguez y Juan Campal. © Fotografía:  Jota De la Rosa.
Presentación de “Le Pasquín” poético en León. De izquierda a derecha: Sara Lostum, Alfredo Escapa, Eloísa Otero, el concejal de Cultura Juan Pablo García Valadés, Angeles Rodríguez, Juan Rafael, Ildefonso Rodríguez y Juan Campal. © Fotografía: Jota De la Rosa.

jueves, 16 de abril de 2015

Collages que tienden puentes entre Ponferrada y Madrid

Collages que tienden puentes entre Ponferrada y Madrid | Tam-Tam Press

COLLAGES QUE TIENDEN PUENTES ENTRE PONFERRADA Y MADRID

  



Imagen del cartel. © Raquel Herraiz (Escuela Tai).

Imagen del cartel. © Raquel Herraiz (Escuela Tai



Dieciséis parejas de artistas trabajando mano a mano, sin conocerse, en un mismo collage. Esa fue la propuesta y este viernes 17 de abril se podrán ver los resultados en la galería Dosmilvacas (Avda. Astorga, 7, en Ponferrada), con el título de “¡Proyecto Puentes!”. La inauguración será a las ocho de la tarde y la propuesta va más allá de una exposición, ya que se ha programado “quedadas” y talleres en distintos lugares de El Bierzo a lo largo de las próximas semanas, y una segunda exposición, dentro de dos meses,, en la galería madrileña La Eriza.
El objetivo no es solo tender puentes artísticos entre distintas zonas geográficas —la mitad de los 32 creadores participantes está ligada a la Sociedad de collage de Madrid , y la otra mitad a la galería berciana— sino también con el público, para “poder crear un collage colectivo, disfrutar de compañía creativa y encontrarnos, qué siempre es un gusto”, apunta Reme Remedios, directora de Dosmilvacas ycoordinadora de este proyecto en compañía de Eva Cruz Losada, artista integrante de la Sociedad de collage de Madrid y gestora de la idea. Ambas se han unido para apostar por una propuesta innovadora y colaborativa que busca tender puentes y abrir fronteras a los artistas con los que trabajan.
Cada pareja de artistas, uno de aquí y otro de allí, ha realizado dos obras en común, lo que ha servido para conseguir 64 collages sobre cartón, que serán expuestos y puestos a la venta primero en la galeríaDosmisvacas de Ponferrada y más tarde en la galería La Eriza de Madrid.
La galería berciana ha programado además distintas actividades y talleres para impulsar la participación del público. Entre ellas destacan las “quedadas populares” para hacer collages, que se realizarán en sitios diferentes: el viernes 24 de abril en La Moncloa de San Lázaro, en Cacabelos; el viernes 8 de mayoen El Patio de mi recreo, en Priaranza del Bierzo y el viernes 22 de mayo, en la galería Dosmilvacas.
También se llevará a cabo un taller de collage en familia, con colaboración con la Granja Escuela Cando, que tendrá lugar en las instalaciones de la granja en Corullón el próximo 16 de mayo.
Parejas de trabajo:
Coordinan y organizan:
Colaboran :
Imagen y diseño del cartel :

miércoles, 15 de abril de 2015

"Port Bou", de Stephen Spender (Gra...

asamblea de palabras: Poema del día: "Port Bou", de Stephen Spender (Gra...: Como abraza un chiquillo a su perrito apretando los brazos sin que lleguen las manos a juntarse y el tímido animal mira por medio hacia e...



 "Port Bou", de Stephen Spender (Gran Bretaña, 1909-1995)

Como abraza un chiquillo a su perrito

apretando los brazos sin que lleguen las manos a juntarse

y el tímido animal mira por medio

hacia el aire animal libre de fuera,

así los brazos —roca y tierra— de este puerto

abrazan a este mar sin encerrarlo

y vibra en la rendija hacia el océano

donde nadan delfines y vibran los vapores.

Al claro sol de invierno me siento en la baranda

de un puente; allí mis brazos circundantes

están sobre un periódico y mi mente

vacía está cual la piedra que brilla

mientras busco una imagen

(la que está escrita encima) y las palabras (de antes)

que describan los cerros chiquitos de Port Bou.

Para un camión enfrente, con frenos que chirrían,

y miro hacia las caras que miran hacia abajo,

milicianos que observan mi diario (francés).

"¿Qué escriben de esta lucha desde la otra frontera?"

Les enseño el diario, mas no pueden leerlo;

quieren sólo la charla y ofrecen cigarrillos.

En sus rostros-bandera encuentra paz la guerra

y las bocas hambrientas de viejas carabinas

rozan los pantalones,

como cañas de almagre, frágiles y apoyadas.

Envuelta por un paño —abuela en su mantilla—

descansa, tartamuda, una ametralladora.

Gritan; también saludan cuando el camión arranca

hacia el robusto monte, detrás del promontorio.

Pasa un viejo, su boca temblorosa

con tres dientes negros grita "Pom-pom-pom".

Corren detrás los niños; más lento, las mujeres;

cogiéndose las faldas pasan el horizonte.

Port Bou está ya vacío para ensayar el tiro.

Estoy solo en el puente, en el exacto centro

sobre el río que gotea por la garganta

como era la saliva de aquel viejo.

El centro exacto, solo, cual centro de diana.

Y no se mueve nada sobre el fondo de casas de tramoya

salvo algún chucho suelto. Empieza el fuego

por encima del puerto, desde un monte hasta el otro.

Blancas manchas de espuma que en el mar hace el plomo

mientras el eco extiende un latigazo

azotando el costado de los cercanos cerros.

Mis brazos circundantes están sobre el periódico;

mi mente es papel donde cae el polvo y las palabras;

a mí mismo me digo que el tiro es sólo prácticas.

Pero soy el mayor de los cobardes:

y la ametralladora va cosiendo

con aguja, de un lado a otro mis intestinos;

el blanco humo espasmódico y solo de fusiles

dibuja el miedo en blancas puntadas en mi cuerpo.



Stephen Spender, incluido en Poesía anglo-norteamericana de la Guerra civil española (Junta de Castilla y León, Salamanca, 1986, ed. de Román Álvarez Rodríguez y Ramón López Ortega, trad. de Francisco Núñez Roldan).