martes, 24 de febrero de 2015

CRISTINA FERNÁNDEZ SAÍNZ DE LA MAZA, POEMAS

PÁRAMO

Hoy todo cielo estalló entre
fuegos
para ser las voces del
silencio
un páramo que brama
con tu garganta en la
cumbre
anudando en todo reflejo
en mi ansia de paisaje,
bebo y bebo desde el
horizonte
y soy arrullo del agua.
Bebiendo y bebiendo vida
Vida de la mejor vida
Vida desde tus ojos.





PALABRAS

Injertos de escocidos verbos
atinos y desatinos
escudos del desencuentro
escurridas desde el paladar
de las madrugadas ya vividas.
Las expulsaba del espanto
de no creer.
Las borraba del sentido
de pensar
que las letras
pueden aliviar el peso
del alma abrumada
que se despoja del cuerpo.
Cuando las letras ya no son

Simplemente suficientes.







IN
...

INSANO A MIS SUEÑOS
escribir de los miedos
porque conozco la esquina
del despertar sin nadie,
de la voz de las mañanas
que se acuestan en mi orilla
de los estrenos de ritos
y conciertos de cuerda
y silencio.
Inviable ser fiel a los
espejos
que acaban devolviendo
reflejos.








LIBRE

...
Y AL FINAL DEL DÍA
cuando la oscuridad
de nuestros párpados
se vuelvan a unir,
te cantaré con el saxo
entre mi lengua
la canción nueva
de una lechuza
que ha venido
al vuelo de la noche,
una vez más, un día más
Libre






domingo, 1 de febrero de 2015

EL ÚLTIMO POEMA, de Jorge Armesto

El Territorio Vacío: EL ÚLTIMO POEMA: En 1999 renegué de la poesía hastiado de mi propia mediocridad y de lo que consideraba un paisaje humano plagado de falsarios deseosos de h...





En 1999 renegué de la poesía hastiado de mi propia mediocridad y de lo que consideraba un paisaje humano plagado de falsarios deseosos de hacerse un hueco en la gestación de la poesía contemporánea de Galicia. Al lado de algunas personas honradas que aún perseveran en ese empeño de contar en verso emergió un ejército de vacuos poetastros con un indisimulado anhelo de convertirse en Generación. Los recitales causaban vergüenza ajena y el ambiente nocturno era pedante y falso. El lenguaje poético servía de coartada para la exaltación de la insignificancia. Soñaban con verse en antologías. El mezquino reparto de premios y jurados literarios me repugnó. Todo esto también contaminó el modo de ver mis propios poemas que consideré poco menos que una absoluta basura. En realidad, todo era un síntoma más de la enfermedad de la rabia. Este fue el último que escribí.



EL CARTÓGRAFO


Durante meses vagué por el océano buscando un paraíso.

Después de cruzar la última frontera
en la línea esmeralda del mar
encontré el continente oscuro
o tal vez el síntoma terminal
del febril delirio del mal del marino.

Apenas esbozado detrás de la kalima
semejaba flotar y alejarse o acercarse a su capricho
como una masa viva, cambiante e informe
que parecía latir sobre las olas
o acunarse entre las sábanas de espuma.


Quise hacer real el continente oscuro
pero todos los instrumentos se descompusieron
la brújula parecía el reloj enloquecido de un suicida
y el catalejo un caleidoscopio de verdeselvas oscuras
inútil el sextante que trazaba todo el arco celeste
y ni sobre el mar servía el altímetro de ebullición
según el cual
yo debía estar en el cielo
y tal vez
tal vez lo estaba

A veinte nudos a treinta difícil de saber
una milla o cien
Cada día con todo el trapo al viento
no parábamos de acercarnos sin hacerlo a ese dibujo cambiante
bajo un cielo diferente y nunca visto
un cielo primigenio
con un astrolabio recogiendo una cosecha de nuevas estrellas
con constelaciones de dibujos misteriosos e inquietantes
que pensábamos perdidas en la noche de los tiempos
donde no brillaban la Estrella del Norte
ni la Cruz del Sur

Los hombres eran supersticiosos y comenzaron a murmurar
no era un continente sino un monstruo mitológico
y yo era un Ahab cegado por una obsesión enferma
Pero había días en que la kalima se difuminaba
y los contornos parecían tan cercanos amigables
que todos enloquecían por llegar a aquel lugar de maravilla
Incluso un atardecer creímos ver una bandada de aves marinas
y nos llegó el sonido del arroyo en la montaña en el olor a agua dulce


No sé el tiempo que pasó
Dejamos de mirar el calendario
y el día y la noche se fundieron en la misma línea difusa que el resto de los signos del cielo y de la tierra
sólo avanzando
sofocando motines y avanzando
ejecutando castigando y avanzando

con la mirada fija en esa promesa incumplida

Un día al fin
tracé la posición del continente
que jamás se había movido de su sitio
4º 23´78´´ latitud S
55º 09´ 52´´ longitud E
Y esa noche oscura y estrellada
en lo alto del cielo apareció con fuerza Casiopea, los Gemelos y la Osa Mayor
Se difuminó la kalima, el aura del continente oscuro
y me sentí como si hubiese acertado el enigma de la esfinge
como si hubiese recibido el permiso de Caronte

Así llegué a finales de octubre a la costa del continente oscuro
Circunnavegándolo en dirección sur-sudeste
Desde un paraje que parecía una selva impenetrable



Diario de a bordo J.Armesto Cartógrafo



El 29 dejamos la intrincada selva
y ante nosotros apareció una cueva marina horadada por la ola
que se perdía estrechándose en volutas acaracoladas
sin llegar a verse el fin

Sobre el acantilado avanzamos suavemente por pequeños prados de heliconias
colinas boscosas y campos aptos para el labradío
hasta llegar a lo que parecían ser dos oasis gemelos
cercados de negras palmeras datileras

En la arena un ciego oraba con el rostro hacia el agua
brillante y oscura
y en el centro del pequeño lago
flotaban colonias de plantas de loto azulado
Eran el iris del que nacían hacia la orilla
como las barcas de una noria hacia el círculo del cielo
como caminos dorados hacia el centro de Oz
los reflejos del sol que navegaba el lago al atardecer
Probé las plantas queriendo olvidar
pero no pude.


Día 30
Después de una larga calma chicha
volví a navegar hacia el sudeste
dejando a babor suaves acantilados rectilíneos
que se perdieron en cinco fiordos redondeados
coronados cada uno por un pequeño glaciar
Seguí rumbo sur
cruzando paralelos cada vez más calurosos
sin dejar de perder la línea de la costa
que se me antojaba fértil y llena de vida


31
Desembarqué en una ancha ensenada
dejando al norte dos volcanes paralelos que cerraban un valle verde y luminoso
donde encontré las primeras manadas
bosques de acacias y caña de azúcar
jacanandas y helechos aéreos
palmas y bananos
tamarindos sicomoros

y vi gráciles saltar por la sabana
cebras y gacelas
garzas impalas jirafas y antílopes Grant
y llegué al Ngorongoro de tu ombligo
y más al sur pisé Tierra de fuego
para entonces bautizaba cada metro de tu continente oscuro
como un demiurgo agradecido a un dios de grado superior
Ante mis ojos se alzaba todo el espectáculo de la vida sin mácula
las grandes migraciones de mamíferos
cruzando a lo largo de ti
desde la estación seca a la estación de las lluvias
los cantos de las tribus
los tambores
los niños cuidando el ganado
el aire azul pálido de las Tierras Altas
el susurro de los saltos de agua y el rojo sanguíneo del flamenco
y nuevos lagos encerrados en papiros
y nuevas selvas cubriendo templos y efigies de dioses extintos
Todo el continente floreció para mí
Y por primera vez imaginé mi mar como un vasto cementerio
la metáfora inútil del paso del tiempo

Ahora vago de nuevo por el océano circunnavegando tu continente oscuro
no hay cartas marinas que dibujar
ni nuevos rumbos que seguir
cada milímetro de ti está trazado en miles de mapas idénticos que no puedo renunciar a corregir
y mis instrumentos se niegan a guiarme a otro lugar que no seas tú

ya no espero hallar otras tierras
solo navego
respirando el aire salobre de tu costa
alrededor de ti

Al fondo de mi catalejo
me acostumbré a mirar en círculo
Todo mi mundo eres tú

martes, 20 de enero de 2015

ojarasca-Siete poemas indígenas de norteamérica

ojarasca-Siete poemas indígenas de norteamérica





Siete poemas indígenas
de norteamérica
Aproximaciones de José Emilio Pacheco

Curberto Mocusari, danzante de pascola, territorio mayo-yoreme, Sonora. Foto: Jerónimo Palomares
La primera colección de las cosmopolitas traducciones poéticas de José Emilio Pacheco (JEP), publicada bajo el deliberado título Aproximaciones (Ediciones Penélope, México, 1984, compilación de Miguel Ángel Flores), cerraba con catorce poemas indígenas de Norteamérica y la siguiente nota: “No bastó derrotarlos, despojarlos, exterminarlos. También los convirtieron en espectáculo para nuestra diversión (ver el poema ‘Western’ de Azevedo Oliveira, en la misma compilación). Masas pintarrajeadas, ululantes, diezmables. Masas, no seres humanos. Moscas, hormigas. Un día, el asombro y el remordimiento de saber que no sólo eran como nosotros: éramos nosotros, de extremo a extremo del continente. Por ser distintos los llamaron bárbaros y salvajes. Ni bárbaros ni salvajes. Aun aquellos que no edificaron Palenque ni Macchu Picchu ni unas artes plásticas comparables a la escultura azteca, hicieron una poesía como la europea y la oriental. John Bierhorst reunió en In the Trail of the Wind: American Indian Poems and Ritual Orations, 1971, textos traducidos de cuarenta lenguas. Quise terminar estas aproximaciones que abrió Omar Khayyam con unos cuántos poemas aborígenes de Estados Unidos y Canadá, a manera de nuevo y humilde homenaje a los indios americanos”.
Sumándose a sus deseos de hace 30 años, de aquella catorcena del poeta mexicano (1939-2014), Ojarasca presenta siete, homenaje a su vez, y también humilde, a JEP, amigo y maestro.
PLEGARIA DE LOS INDIOS CUERVO
Padre Sol, te saludo. Recibe el manto de entraña de bisonte que acabo de tejerte.
Dame una buena manera de vivir. Haz que mi pueblo y yo alcancemos ilesos el año próximo. Haz aumentar el número de mis hijos. Haz que cuando mis hijos vayan a la guerra vuelvan con caballos capturados al enemigo. Haz que cuando mi hijo vaya a la guerra regrese con la cara pintada de negro como señal de su victoria.
Cuando yo salga de cacería, haz que el viento golpee mi rostro para que el bisonte no sienta mi olor y avance hacia mí.
Haz que el próximo verano crezca la hierba y abunden las cerezas.
Haz que pueda ver la hierba nueva y los árboles en todo su follaje.
Haz que vea llegar la primavera. Haz que mi pueblo y yo vivamos para verla.
 FÓRMULA MÁGICA DE LOS NAVAJOS PARA PACIFICAR A UN ENEMIGO
Unta tus pies de polen
Unta tus manos de polen
Unta tu cabeza de polen
Ahora tus pies son polen
Tus manos son polen
Tu cuerpo es polen
Tu voz es polen
Es hermoso el sendero
Quédate quieto
CANCIÓN DE AMOR DE LOS KWAKIUTI
    Si como,
como el dolor de tu amor, amada.
Si duermo,
sueño el dolor de tu amor, amada.
Si yazgo,
yazgo en el dolor de tu amor, amada.
Dondequiera que voy
piso el dolor de tu amor, amada.
PROFECÍA (IROQUESES)
Hace muchos inviernos nuestros sabios ancestros predijeron:
el monstruo de ojos blancos llegará del oriente. Al avanzar consumirá la tierra.
Este monstruo es la raza blanca. La profecía está a punto de cumplirse.
EN LA  GRAN NOCHE (PÁPAGOS)
En la gran noche se extraviará mi corazón.
Cascabelean las tinieblas.
Hacia mí avanzan las resonantes tinieblas.
En la gran noche se extraviará mi corazón.
En la gran noche.
En las cascabeleantes tinieblas.
CANCIÓN DE LA DANZA DE LOS ESPECTROS (CHEYENNES)
Cuando vuela hacia abajo he visto al cuervo.
He visto al cuervo que desciende a la tierra.
El cuervo renueva nuestra vida.
El cuervo tiene piedad de los cheyennes.
CONJURO DE LOS IROQUESES CONTRA EL SER SIN ROSTRO
Nuestros abuelos, muertos hace mucho tiempo, dueños legítimos de nuestra
confianza, jamás vieron su rostro.
El rostro de quien nos injuria todos los días, todas las noches.
El rostro del ser de las tinieblas que yace en los lugares donde es noche cerrada.
El ser que gira en torno a nuestras cabezas y nos amenaza
con su arma oculta, con su hacha en alto.
El ser que murmura su objetivo de talador: “Destruiré la Obra, acabaré con la Alianza
de los Iroqueses”.
Nuestros abuelos decretaron llamarlo el Gran Destructor, el Ser sin rostro, el Ser
Maléfico en Sí Mismo: la Muerte

sábado, 17 de enero de 2015

Os mellores do 2014. Mellor libro de poesía

Os mellores do 2014. Mellor libro de poesía





Mellor libro de poesía do 2014
1cronoloxia-da-urxencia
Cronoloxía da urxencia
Dores Tembrás
Espiral Maior
2
os-inocentes
Os inocentes
María do Cebreiro
Galaxia
3
a-distancia-do-tambor
A distancia do tambor
Eva Veiga
Espiral Maior
4
atravesar-o-fantasma
Atravesar o fantasma
Carlos Callón
Xerais
5
onde-nunca-e-manha
Onde nunca é mañá
Manuel Álvarez Torneiro
Faktoría K
6
celebracion
Celebración
Gonzalo Hermo
Apiario
7
estrela-do-norte
Estrela do norte
Luís Rei Núñez
Faktoría K 
8
transfusion-oceanica
Transfusión oceánica
Xosé Iglesias
Caldeirón
9
dun-lago-escuro
Dun lago escuro
Marta Dacosta
Xerais
10
a-segunda-lingua
A segunda lingua
Yolanda Castaño
PEN Clube

jueves, 15 de enero de 2015

EL DEL MEDIO DE LOS PANERO [Las apariciones apócrifas de Leopoldo María Panero]: SIETE DEL SEIS DEL DOS MIL SIETE

EL DEL MEDIO DE LOS PANERO [Las apariciones apócrifas de Leopoldo María Panero]: SIETE DEL SEIS DEL DOS MIL SIETE: Si he conocido alguna vez a alguien que sienta verdadera pasión por la figura, por la vida y obra, de Leopoldo María Panero , ese es mi col...



SIETE DEL SEIS DEL DOS MIL SIETE

Si he conocido alguna vez a alguien que sienta verdadera pasión por la figura, por la vida y obra, de Leopoldo María Panero, ese es mi colega Andrés Ramón Pérez Blanco,El Kebrantaversos”. De hecho, existen ciertos paralelismos en la poesía de Andrés: Sátelite de inhóspito planeta (Edición de Autor, 2008) y No hay prosa (Groenlandia, 2011), con algunas partes de  la obra del de Astorga, sobre todo en su “Satélite de…”. Resulta que la primera vez que tuve ocasión de tomar unas cervezas con mi colega, fue también, la vez primera en la que tuve oportunidad de ver en directo a Leopoldo María Panero. Os lo cuento:
Moría la primavera del año 2007, era una tarde de junio, y había quedado con “El Kebran” para conocernos de una puta vez: físicamente, ya que virtualmente nos conocíamos de unos meses atrás. Habíamos quedado en la Fnac de la Pza. Callao, en Madrid, porque él vivía por entonces en Illescas, Toledo, y tenía pocas ocasiones para desplazase a Madrid. Ésta, entonces, por dos motivos, sería una buena ocasión para acercarse a la ciudad.

Ese día se presentaba allí lo que recién “había” publicado Panero; el título “PAPÁ, DAME LA MANO QUE TENGO MIEDO”, un libro de prosa, y “JARDÍN EN VANO”, un poemario escrito a “dos manos” junto con el singular Félix Caballero. Lo presentaban, a un lado y a otro de la mesa, Eugenia Rico y Diego Medrano. El “autor”, que ocupaba el centro de la mesa, de vez en cuando era interpelado; sobretodo, si se necesitaba de una gracieta o un chiste, para desengrasar la mesura que cabía intuir dentro de la seriedad, que se le pre-supone a este tipo de presentaciones. A mí, particularmente, me parecía una puesta en escena agrisalada, entre lo patético y lo triste, mejor dicho: lo muy triste. Pero, parece ser, que normal. Leopoldo en su mundo, en el papel habitual de saberse el centro de todas las miradas. Los acompañantes, en el suyo, que a decir verdad, no distaba mucho de del protagonista; la idea, supongo, era la de seguir la contracorriente del salmón hasta llegar al esperpento oceánico. Lo consiguieron. 

Recuerdo también que no fue una presentación muy concurrida. Y lo mejor de todo, es que fue breve. Yo, ya había visto bastante como para comprender de qué iba eso del buenrollismo y el tanto nos queremos en la literatura de este país. Posteriormente, he acudido a infinidad de presentaciones de libros, si bien con autores menos excéntricos, pero no menos conocidos que Leopoldo María Panero y lo cierto es que los mimbres de la pantomima y la jilipollez no difieren mucho a lo sucedido ese día. Incluso, todo hay que decirlo, yo mismo he sido participe en unas cuantas.

Aquella tarde mi colega consiguió uno de sus propósitos, como era “intercambiar” algunas palabras y hacerse unas cuantas fotografías con Leopoldo; y yo, —que preferí ponerme al otro lado de la cámara, más que nada porque soy menos fotogénico que un calcetín amarillo y también porque Andrés me había pedido ese favor, el de fotografiar a ambos—, también creo que saqué algo en claro.

Leopoldo María y El Kebran, de charleta.
Terminado el paripé, El Kebran y yo, tomamos camino hacia Malasaña, alBukowski Club; allí cumplimos la segunda parte del trato: nos hinchamos a cervezas, brindamos por el milagro de la amistad y nos reímos un rato por lo acontecido. Así que hoy, era de ley, el iniciar esta bitácora con el recuerdo de aquella tarde, para mí entrañable ya. También quise que fuese de ley, el mostrar mi primera gratitud en el libro de Las apariciones apócrifas de Leopoldo María Panero a El Kebrantaversos, por aquel siete del seis de dos mil siete, el día en el que te conocí, amigo mío; y, en esa misma casualidad, el día en el que experimenté, por primera vez, al Leopoldo María Panero real y frágil; pero también supe del Panero muñeco, títere, marioneta, fantoche, pelele, espantajo, etcétera…

lunes, 12 de enero de 2015

House Music (C: Two Stories) - No Collective and Dreary Somebody



Performed by Lindsey Drury, Johanna Gilje, Keith Hennessey, Itha K. Kathartika, You Nakai, Meg Stewart, Sasha Waltz, et al.



Kulturraum, Berlin 

December 15, 2014



*



One need not be a chamber to be haunted, 

One need not be a house; 

The brain has corridors surpassing 

Material place. 



― Emily Dickinson

domingo, 11 de enero de 2015

SALMOS DE INVIERNO , de Mario Montalbetti

Salmos de invierno. Mario Montalbetti


(Lima, 1953)


a
treinta tardes solo revelando secuencias de dolor
que a nadie atraen

puedo oler tu retracción cada vez que avanzo
en verdad huyo

la sombra de tus perros son huecos en la tierra

busco las cadencias inauditas de tu bulla
y sonrío

no solo lo he perdido todo
también sé dónde se ha ido


b
sea esta tarde naturaleza de la que no puedo escapar
lluvias viento nimbos

he vivido en una casa vacía por demasiado espacio
en un solo instante

a falta de caracolas marinas me acerco piedras al oído
y escucho las extrañas meditaciones de los fósiles

escucho y no me dicen nada

algún día veré tu rostro y sabré lo que ocultas

¿acaso mi colección de padres
que hicieron lo imposible por hacerme sentir

cosas en las que no pienso?

todo esto no debiera sorprenderme

especialmente ahora que el tiempo ha cambiado
y una brisa helada me destiempla los dientes


c
siento en la piel las emanaciones de tu severidad

me olvido
es un hábito

tus gestos vacíos
son familiares como el primer rostro
¿por qué los asocio entonces con un viento de fuego

que arrasa con los frutos del árbol?

entre todos estos desiertos hay un desierto eterno
que solo desertando
puede mi corazón desertar


d
si quieres ganar el cielo primero debes saber perderlo

recoge por ejemplo un clavo
e imagina el agujero del que provino

¿qué dijo brodsky? que reconocemos a nuestros hermanos
no por sus rostros

sino por sus espaldas
en las colas que forman en los confesionarios

la vida pasa como pasa la corriente
cuando agarras un cable pelado

arroja el clavo
guarda el agujero

arroja el agujero al suelo


e
ezequiel es un buen nombre pero debió ser desierto
y no profeta

buscando visiones como turista tras un souvenir

ya que tenemos ojos
suponemos que hay algo que ver

pero no hay nada que ver

o lo que tenemos que ver
no se ve con los ojos

por eso si lo ves mátalo
si me ves mátalo

si te ves en el espejo
y te reconoces

anda por una cuerda y verás por fin
que lo que querías ver no tiene forma

ni color ni número


f
las palabras que son como pozos que contienen su propia ausencia
¿dónde están?

entre letras          en los espacios ciegos          en la fruta picada
pero también
en el ojo de la orca          en la boca de la hostia          en la carne acecinada

la esperanza se parece tanto a la desesperación

déjame oír el mar sin terror

sean nuestras conversaciones
salsas que se reducen hasta el silencio


g
sentado entre montañas como una navaja
afilada por un solo lado
acaricio el rostro del trueno hago añicos las cataratas

10 000 lunas duermen sobre 10 000 cráneos
buscando la saturación azul en el cielo

cada paso cruza el río
pero solo la suma de todos los pasos
es la otra orilla

las mareas del regocijo y la pena
no tienen dominio sobre esta carnicería

ofréceme una sombra que dure

también la oscuridad
viaja a la velocidad de la luz


h
¿qué resta sino girar en las tardes
la rueda de los rezos a las puertas
de la muerte? ¿o la observación
del sol? pero uno sigue hablando
cada vez más solo diciendo menos
por decir algo a las puertas de la muerte

ahora que todos lo saben ahora todos
saben a lo mismo

por eso morimos siempre cuando morir
ya no es necesario

a las puertas de la muerte


z
el desierto es mi pastor todo me falta



© Mario Montalbetti
Tomado de Lejos de mí decirles. Poesía reunida, Aldus, 2013